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La
vida religiosa se distingue
de las otras formas de vida consagrada por el aspecto cultual, la
profesión pública de los consejos evangélicos, la vida fraterna
llevada en común, y por el testimonio dado de la unión de Cristo
y
de la Iglesia (cf. CIC, can. 607).

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Origen
de la Vida Consagrada
Lo
que más importa en las antiguas y nuevas formas de vida consagrada
es que en ellas se discierna la conformidad fundamental con la voluntad de
Cristo, que instituyó los consejos evangélicos y, en ese sentido, fundó
la vida religiosa y todo estado de consagración que se le asemeje. Como
dice el Concilio Vaticano II, los consejos evangélicos están 'fundados
en las palabras y ejemplos del Señor'. (LG 43)
Hubo
quienes pusieron en duda esta fundación, considerando la vida consagrada
como una institución puramente humana, que
había nacido por la iniciativa de algunos cristianos que deseaban vivir más
a fondo el ideal del Evangelio. Ahora bien, es verdad que Jesús no
fundó directamente ninguna de las comunidades religiosas que han ido
desarrollándose paulatinamente en la Iglesia, ni estableció tampoco
formas particulares de vida consagrada. Pero lo que sí quiso instituir es
el estado de vida consagrada, en su valor general y en sus elementos
esenciales...
Por
el camino de la voluntad fundadora de Cristo
L’OSSERVATORE ROMANO, 12 de octubre de 1994
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