Canto a La Inmaculada

El Poema que falta en la "Poesía Completa" de

Pablo García Baena

 

En 1998 la editorial Visor de Madrid ha publicado la "Poesía Completa" (1940-1997) de Pablo García Baena (Córdoba, 1923), Premio Príncipe de Asturias -1984 (Volumen 388, 343p.).

García Baena, Premio Adonais-1950, está "a la altura de los más grandes poetas, españoles del si­glo" (G. Carnero).

Entre las 142 piezas poéticas de esta "Poesía Completa", falta un precioso poema que compuso Pablo García en la época del "Ru­mor Oculto" en bellísimas liras del mejor estilo de los Garcilaso, fray Luis y fray Juan de la Cruz.

 

 

Escúchame, Señora,

atiende de mi lira el son disperso.

Acude al que te implora.

Reina del Universo,

dora con tu fulgor mi torpe verso.

 

¡Quién pudiera cantarte

con la sonora voz del viento huido

y en el cielo adorarte,

Cinamomo florido,

Céfiro entre luceros detenido!

 

¡Quién tuviera el acento,

de las selvas el arpa de armonía

o el suave lamento

de la corriente fría

sembrando aljófar en la verde umbría!

 

¡Quién el gemido leve

de la tarde, muriendo cisne ahogado,

o la dulce voz breve

del ruiseñor alado

garganta de la noche por el prado!

 

Para cantar tu gloria,

Salterio que Dios Padre pulsa grave.

Palma de la Victoria,

Cifra de toda clave,

Hija que al cielo das tu olor suave.

 

Madre donde reclina

el Hijo su cabeza coronada

por la estrella y la espina;

en Belén adorada

y en el Gólgota turbio destrozada.

 

Esposa de ternura

escogida en el valle florecido

por la Paloma pura.

Allá tienes tu nido,

Huerto cerrado al cierzo enfurecido.

 

Templo de fortaleza

clónele Dios Trino encuentra su tesoro,

unges con tu realeza,

tú que eres Arpa de oro,

el canto de los ángeles sonoro.

 

Cierva jamás herida

por el negro venablo del pecado

pues fuisteis concebida

sin que fuera enturbiado

el agua viva de tu limpio estado.

 

Rocío de la Gracia

que vuelves a la vida el lirio yerto.

Cedro, Ciprés, Acacia,

que el aire descubierto

mece llenando de perfume el huerto.

 

Báculo que conduces

por este valle al pecador doliente

y guías con tus luces

divina Zarza ardiente.

Clavel de fuego en cielo refulgente.

 

Antes de ser nacida,

Vaso de mirra en gracia goteante,

ya fuisteis elegida Faro del caminante

por vuestra santidad constante.

 

Calzada de la luna

el sol vestidos teje a tu hermosura

y en tus cabellos una

corona que fulgura:

luceros de diamante en noche oscura.

 

Aclaman vuestro nombre

y el orbe os llama Bienaventurada,

Esperanza del hombre,

Fuente de luz sellada,

Virgen Real, Augusta Inmaculada.

 

Mira desde tu altura

mi barca entre las sirtes naufragada,

Estrella del Mar pura.

Tú, que eres mi Abogada,

brilla sobre las aguas encrespadas.

 

Pues tú lo puedes todo

no dejes a mi alma de tu mano.

Apártame del lodo

tu silbo soberano

¡pise tu planta sierpe y mundo vano!

 

 

Publicado en Míriam

en 1998 p.127