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La Concepción Inmaculada de
la Madre de Dios
María de Jesús de Agreda oic Mística Ciudad de Dios Libro I, Cap.12-19
Libro I CAPITULO 12 Cómo, habiéndose propagado el linaje humano, crecieron los clamores de los justos por la venida del Mesías, y también crecieron los pecados, y en esta noche de la antigua ley envió Dios al mundo dos luceros que anunciasen la ley de gracia. 164. Dilatóse en gran número la posteridad y linaje de Adán, multiplicándose
los justos y los injustos, los clamores de los santos por el Reparador y los
delitos de los pecadores para desmerecer este beneficio. El pueblo del Altísimo
y el triunfo del Verbo, que había de humanarse, estaban ya en las últimas
disposiciones que la divina voluntad obraba en ellos para venir el Mesías;
porque el reino del pecado en los hijos de perdición había dilatado su
malicia casi hasta los últimos términos y había llegado el tiempo oportuno
del remedio. Habíase aumentado la corona y méritos de los justos; y los
profetas y santos padres con el júbilo de la divina luz reconocían que se
acercaba la salud y la presencia de su redentor y multiplicaban sus clamores,
pidiendo a Dios se cumpliesen las profecías y promesas hechas a su pueblo; y
delante del trono real de la divina misericordia representaban la prolija y
larga noche [1]
que había corrido en las tinieblas del pecado, desde la creación del primer
hombre, y la ceguera de idolatrías en que estaba ofuscado todo el resto del
linaje humano. 165. Cuando la antigua serpiente había inficionado con su aliento todo el orbe
y, al parecer, gozaba de la pacífica posesión de los mortales; y cuando
ellos, desatinando de la luz de la misma razón natural [2]
de la que por la antigua ley escrita pudieran tener, en lugar de buscar la
divinidad verdadera, fingían muchas falsas y cada cual formaba dios a su
gusto, sin advertir que la confusión de tantos dioses, aun para perfección,
orden y quietud, era repugnante; cuando con estos errores se habían ya
naturalizado la malicia, la ignorancia y el olvido del verdadero Dios y se
ignoraba la mortal dolencia y letargo que en el mundo se padecía, sin abrir
la boca los míseros dolientes para pedir el remedio; cuando reinaba la
soberbia y el número de los necios era sin número[3]
y la arrogancia de Lucifer intentaba beberse las aguas puras del Jordán;
[4] cuando con estas injurias estaba Dios más
ofendido y menos obligado de los hombres y el atributo de su justicia tenía
tan justificada su causa para aniquilar todo lo criado convirtiéndolo a su
antiguo no ser. 166. En esta ocasión –a nuestro entender– convirtió el Altísimo su atención
al atributo de su misericordia e inclinó el peso de su incomprensible
equidad con la ley de la clemencia; y se quiso dar por más obligado de su
misma bondad y de los clamores y servicios de los justos y profetas de su
pueblo, que desobligarse de la maldad y ofensas de todo el resto de los
pecadores; y en aquella noche tan pesada de la ley antigua determinó dar
prendas ciertas del día de la gracia, enviando al mundo dos luceros clarísimos
que anunciasen la claridad ya vecina del sol de justicia Cristo, nuestra
salud. Estos fueron san Joaquín y Ana, prevenidos y criados por la divina
voluntad para que fuesen hechos a medida de su corazón. San Joaquín tenía
casa, familia y deudos en Nazaret, pueblo de Galilea, y fue siempre varón
justo y santo, ilustrado con especial gracia y luz de lo alto. Tenía
inteligencia de muchos misterios de las Escrituras y profetas antiguos y con
oración continua y fervorosa pedía a Dios el cumplimiento de sus promesas,
y su fe y caridad penetraban los cielos. Era varón humildísimo y puro, de
costumbres santas y suma sinceridad, pero de gran peso y severidad y de
incomparable compostura y honestidad. 167. La felicísima santa Ana tenía su casa en Belén, y era doncella castísima,
humilde y hermosa y, desde su niñez, santa, compuesta y llena de virtudes.
Tuvo también grandes y continuas ilustraciones del Altísimo y siempre
ocupaba su interior con altísima contemplación, siendo juntamente muy
oficiosa y trabajadora, con que llegó a la plenitud de la perfección de las
vidas activa y contemplativa. Tenía noticia infusa de las Escrituras divinas
y profunda inteligencia de sus escondidos misterios y sacramentos; y en las
virtudes infusas, fe, esperanza y caridad, fue incomparable. Con estos dones
prevenida oraba continuamente por la venida del Mesías, y sus ruegos fueron
tan aceptos al Señor para acelerar el paso, que singularmente le pudo
responder había herido su corazón en uno de sus cabellos,
[5]
pues sin duda alguna en apresurar la venida del Verbo tuvieron los
merecimientos de santa Ana altísimo lugar entre los santos del Viejo
Testamento. 168. Hizo también esta mujer fuerte oración fervorosa para que el Altísimo en el estado del matrimonio la diese compañía de esposo que la ayudase a la guarda de la divina ley y testamento santo y para ser perfecta en la observancia de sus preceptos. Y al mismo tiempo que santa Ana pedía esto al Señor, ordenó su providencia que san Joaquín hiciese la misma oración, para que juntas fuesen presentadas estas dos peticiones en el tribunal de la beatísima Trinidad, donde fueron oídas y despachadas. Y luego por ordenación divina se dispuso cómo Joaquín y Ana tomasen estado de matrimonio juntos y fuesen padres de la que había de ser Madre del mismo Dios humanado. Y para ejecutar este decreto, fue enviado el santo arcángel Gabriel, que se lo manifestase a los dos. A santa Ana se le apareció corporalmente estando en oración fervorosa pidiendo la venida del Salvador del mundo y el remedio de los hombres; y vio al santo príncipe con gran hermosura y refulgencia, que a un mismo tiempo causó en ella alguna turbación y temor con interior júbilo e iluminación de su espíritu. Postróse la Santa con profunda humildad para reverenciar al embajador del cielo, pero él la detuvo y confortó, como a depósito que había de ser del arca del verdadero maná, María santísima, Madre del Verbo eterno; porque ya este santo arcángel había conocido este misterio del Señor cuando fue enviado con esta embajada; aunque entonces no lo conocieron los demás ángeles del cielo, porque a solo san Gabriel fue hecha esta revelación o iluminación inmediatamente del Señor. Tampoco manifestó el ángel a santa Ana este gran sacramento por entonces, mas pidióla atención y la dijo: El Altísimo te dé su bendición, sierva suya, y sea tu salud. Su Alteza ha oído tus peticiones y quiere que perseveres en ellas y clames por la venida del Salvador; y es su voluntad que recibas por esposo a Joaquín, que es varón de corazón recto y agradable a los ojos del Señor, y con su compañía podrás perseverar en la observancia de su divina ley y servicio. Continúa tus oraciones y súplicas y de tu parte no hagas otra diligencia; que el mismo Señor ordenará el cómo se ha de ejecutar. Y tú camina por las sendas rectas de la justicia y tu habitación interior siempre sea en las alturas; y pide siempre por la venida del Mesías y alégrate en el Señor que es tu salud.–Con esto desapareció el ángel, dejándola ilustrada en muchos misterios de las Escrituras y confortada y renovada en su espíritu. 169. A san Joaquín apareció y habló el arcángel, no corporalmente como a
santa Ana, pero en sueños apercibió el varón de Dios que le decía estas
razones: Joaquín, bendito seas de la divina diestra del Altísimo, persevera
en tus deseos y vive con rectitud y pasos perfectos. Voluntad del Señor es
que recibas por tu esposa a Ana, que es alma a quien el Todopoderoso ha dado
su bendición. Cuida de ella y estímala como prenda del Altísimo y dale
gracias a Su Majestad porque te la ha entregado.–En virtud de estas divinas
embajadas pidió luego Joaquín por esposa a la castísima Ana y se efectuó
el casamiento, obedeciendo los dos a la divina disposición; pero ninguno
manifestó al otro el secreto de lo que les había sucedido hasta pasados
algunos años, como diré en su lugar.[6]
Vivieron los dos santos esposos en Nazaret, procediendo y caminando por las
justificaciones del Señor; y con rectitud y sinceridad dieron el lleno de
las virtudes a sus obras y se hicieron muy agradables y aceptos al Altísimo
sin reprensión. De las rentas y frutos de su hacienda en cada año hacían
tres partes: la primera ofrecían al templo de Jerusalén para el culto del
Señor, la segunda distribuían a los pobres, y con la tercera sustentaban su
vida y familia decentemente; y Dios les acrecentaba los bienes temporales,
porque los expendían con tanta largueza y caridad. 170. Vivían asimismo con inviolable paz y conformidad de ánimos, sin querella
y sin rencilla alguna. Y la humildísima Ana vivía en todo sujeta y rendida
a la voluntad de Joaquín; y el varón de Dios con la emulación santa de la
misma humildad se adelantaba a saber la voluntad de santa Ana, confiando en
ella su corazón, [7]
y no quedando frustrado; con que vivieron en tan perfecta caridad, que en su
vida tuvieron diferencia en que el uno dejase de querer lo mismo que quería
el otro; mas como congregados en el nombre del Señor,
[8] estaba Su Majestad con su temor santo en medio
de ellos. Y el santo Joaquín cumplió y obedeció el mandamiento del ángel
de que estimase a su esposa y tuviese cuidado de ella. 171. Previno el Señor con bendiciones de dulzura[9]
a la santa matrona Ana, comunicándola altísimos dones de gracia y ciencia
infusa, que la dispusiesen para la buena dicha que la aguardaba de ser madre
de la que lo había de ser del mismo Señor; y como las obras del Altísimo
son perfectas y consumadas, fue consiguiente que la hiciese digna madre de la
criatura más pura y que en santidad había de ser inferior a solo Dios y
superior a todo lo criado. 172. Pasaron estos santos casados veinte años sin sucesión de hijos; cosa que
en aquella edad y pueblo se tenía por más infelicidad y desgracia, a cuya
causa padecieron entre sus vecinos y conocidos muchos oprobios y desprecios;
que los que no tenían hijos se reputaban como excluidos de tener parte en la
venida del Mesías que esperaban. Pero el Altísimo, que por medio de esta
humillación los quiso afligir y disponer para la gracia que les prevenía,
les dio tolerancia y conformidad para que sembrasen con lágrimas[10]
y oraciones el dichoso fruto que después habían de coger. Hicieron
grandes peticiones de lo profundo de su corazón, teniendo para esto especial
mandato de lo alto, y ofrecieron al Señor con voto expreso que, si les daba
hijos, consagrarían a su servicio en el templo el fruto que recibiesen de
bendición. 173. Y el hacer este ofrecimiento fue por especial impulso del Espíritu Santo,
que ordenaba cómo antes de tener ser la que había de ser morada de su unigénito
Hijo, fuese ofrecida y como entregada por sus padres al mismo Señor. Porque
si antes de conocerla y tratarla no se obligaran con voto particular de
ofrecerla al templo, viéndola después tan dulce y agradable criatura no lo
pudieran hacer con tanta prontitud por el vehemente amor que la tendrían. Y
–a nuestro modo de entender– con este ofrecimiento no sólo satisfacía
el Señor a los celos que ya tenía de que su Madre santísima estuviese por
cuenta de otros, pero se entretenía su amor en la dilación de criarla. 174. Habiendo perseverado un año entero después que el Señor se lo mandó en
estas fervientes peticiones, sucedió que san Joaquín fue por divina
inspiración y mandato al templo de Jerusalén, a ofrecer oraciones y
sacrificios por la venida del Mesías y por el fruto que deseaba; y llegando
con otros de su pueblo a ofrecer los comunes dones y otrendas en presencia
del sumo sacerdote, otro inferior, que se llamaba Isacar, reprendió ásperamente
al venerable viejo Joaquín porque llegaba a ofrecer con los demás, siendo
infecundo; y entre otras razones le dijo: Tú, Joaquín, ¿por qué llegas a
ofrecer siendo hombre inútil? Desvíate de los demás y vete, no enojes a
Dios con tus ofrendas y sacrificios, que no son gratos a sus ojos.–El santo
varón, avergonzado y confuso, con humilde y amoroso afecto, se convirtió al
Señor y le dijo: Altísimo Dios eterno, con vuestro mandato y voluntad vine
al templo; el que está en vuestro lugar me desprecia; mis pecados son los
que merecen esta ignominia; pues la recibo por vuestro querer, no despreciéis
la hechura de vuestras manos.-
[11] Fuese Joaquín del templo contristado, pero pacífico
y sosegado, a una casa de campo o granja que tenía y allí en soledad de
algunos días clamó al Señor e hizo oración: 175. Altísimo Dios eterno, de quien depende todo el ser y el reparo del linaje
humano, postrado en vuestra real presencia os suplico se digne vuestra
infinita bondad de mirar la aflicción de mi alma y oír mis peticiones y las
de vuestra sierva Ana. A vuestros ojos son manifiestos todos nuestros deseos [12]
y, si yo no merezco ser oído, no despreciéis a mi humilde esposa. Santo
Dios de Abrahán, Isaac y Jacob, nuestros antiguos padres, no escondáis
vuestra piedad de nosotros, ni permitáis, pues sois padre, que yo sea de los
réprobos y desechados en mis ofrendas como inútil, porque no me dais sucesión.
Acordaos, Señor, de los sacrificios y oblaciones de vuestros siervos y
profetas, [13] mis padres antiguos, y tened presentes las
obras que en ellos fueron gratas a vuestros ojos divinos; y pues me mandáis,
Señor mío, que con confianza os pida como a poderoso y rico en
misericordias, concededme lo que por vos deseo y pido; pues en pediros hago
vuestra santa voluntad y obediencia, en que me prometéis mi petición: y si
mis culpas detienen vuestras misericordias, apartad de mí lo que os
desagrada e impide. Poderoso sois, Señor Dios de Israel, y todo lo que fuere
vuestra voluntad podéis obrar sin resistencia.
[14] Lleguen a vuestros oídos mis peticiones, que
si soy pobre y pequeño, vos sois infinito e inclinado a usar de misericordia
con los abatidos. ¿Adónde iré de vos, que sois el Rey de los reyes, el Señor
de los señores y todopoderoso? A vuestros hijos y siervos habéis llenado,
Señor, de dones y bendiciones en sus generaciones; a mí me enseñáis a
desear y esperar de vuestra liberalidad lo que habéis obrado con mis
hermanos. Si fuere vuestro beneplácito conceder mi petición, el fruto de
sucesión que de vuestra mano recibiere, lo ofreceré y consagraré a vuestro
templo santo, para servicio vuestro. Entregado tengo mi corazón y mente a
vuestra voluntad y siempre he deseado apartar mis ojos de la vanidad. Haced
de mí lo que fuere vuestro agrado y alegrad, Señor, nuestro espíritu con
el cumplimiento de nuestra esperanza. Mirad desde vuestro solio al humilde
polvo y levantadle, para que os magnifique y adore y en todo se cumpla
vuestra voluntad y no la mía. 176. Esta petición hizo Joaquín en su retiro; y en el ínterin el santo ángel
declaró a santa Ana cómo sería agradable oración para su alteza que le
pidiese sucesión de hijos con el santo afecto e intención que los deseaba.
Y habiendo conocido la santa matrona ser ésta la divina voluntad y también
la de su esposo Joaquín, con humilde rendimiento y confianza en la presencia
del Señor, hizo oración por lo que se le ordenaba y dijo: Dios altísimo,
Señor, mío, Criador y Conservador universal de todas las cosas, a quien mi
alma reverencia y adora como a Dios verdadero infinito, santo y eterno;
postrada en vuestra real presencia hablaré, aunque sea polvo y ceniza,[15]
manifestando mi necesidad y aflicción. Señor, Dios increado,
hacednos dignos de vuestra bendición, dándonos fruto santo que ofrecer a
vuestro servicio en vuestro templo.[16]
Acordaos, Señor mío, que Ana, sierva vuestra, madre de Samuel, era estéril
y con vuestra liberal misericordia recibió el cumplimiento de sus deseos. Yo
siento en mi corazón una fuerza que me alienta y anima a pediros hagáis
conmigo esta misericordia. Oíd, pues, dulcísimo Señor y Dueño mío, mi
petición humilde y acordaos de los servicios, ofrendas y sacrificios de mis
antiguos padres y los favores que obró en ellos el brazo poderoso de vuestra
omnipotencia. Yo, Señor, quisiera ofrecer a vuestros ojos oblación
agradable y aceptable, pero la mayor y la que puedo es mi alma, mis potencias
y sentidos que me disteis y todo el ser que tengo; y si mirándome desde
vuestro real solio me diereis sucesión, desde ahora la consagro y ofrezco
para serviros en el templo. Señor Dios de Israel, si fuere voluntad y gusto
vuestro mirar a esta vil y pobre criatura y consolar a vuestro siervo Joaquín,
concedednos, Señor, esta petición y en todo se cumpla vuestra voluntad
santa y eterna. 177. Estas fueron las peticiones que hicieron los santos Joaquín y Ana; y de la
inteligencia que he tenido de ellas y de la santidad incomparable de estos
dichosos padres, no puedo por mi gran cortedad e insuficiencia decir todo lo
que conozco y siento; ni todo se puede referir, ni es necesario, pues es
bastante para mi intento lo dicho; y para hacer altos conceptos de estos
Santos, se han de medir y ajustar con el altísimo fin y ministerio para que
fueron escogidos de Dios, que era ser abuelos inmediatos de Cristo Señor
nuestro y padres de su Madre santísima. CAPITULO 13Cómo por el santo arcángel Gabriel fue evangelizada la concepción de María santísima y cómo previno Dios a santa Ana para esto con un especial favor. 178. Llegaron las peticiones de los santos Joaquín y Ana a la presencia y trono
de la beatísima Trinidad, donde, siendo oídas y aceptadas, se les manifestó
a los santos ángeles la voluntad divina, como si –a nuestro modo de
entender– las tres divinas Personas hablaran con ellos y les dijeran:
Determinado tenemos por nuestra dignación que la persona del Verbo tome
carne humana y que en ella remedie a todo el linaje de los mortales; y a
nuestros siervos los profetas lo tenemos manifestado y prometido, para que
ellos lo profetizasen al mundo. Los pecados de los vivientes y su malicia es
tanta, que nos obligaba a ejecutar el rigor de nuestra justicia; pero nuestra
bondad y misericordia excede a todas sus maldades y no pueden ellas extinguir
nuestra caridad. Miremos a las obras de nuestras manos, que criamos a nuestra
imagen y semejanza para que fueran herederos y partícipes de nuestra eterna
gloria. [17]
Atendamos a los servicios y agrado que nos han dado nuestros siervos y
amigos y a los muchos que se levantarán y que serán grandes en nuestras
alabanzas y beneplácito. Y singularmente pongamos delante de nuestros ojos
aquella que ha de ser electa entre millares y sobre todas las criaturas ha de
ser aceptable y señalada para nuestras delicias y beneplácito y que en sus
entrañas ha de recibir a la persona del Verbo y vestirle de la mortalidad de
la carne humana. Y pues ha de tener principio esta obra en que manifestemos
al mundo los tesoros de nuestra divinidad, ahora es el tiempo aceptable y
oportuno para la ejecución de este sacramento. Joaiquin y Ana hallaron
gracia en nuestros ojos, porque piadosamente los miramos y prevenimos con la
virtud de nuestros dones y gracias. Y en las pruebas de su verdad han sido
fieles y con sencilla candidez sus almas se han hecho aceptas y agradables en
nuestra presencia. Vaya Gabriel, nuestro embajador, y déles nuevas de alegría
para ellos y para todo el linaje humano y anúncieles cómo nuestra dignación
los ha mirado y escogido. 179. Conociendo los espíritus celestiales esta voluntad y decreto del Altísimo,
el santo arcángel Gabriel, adorando y reverenciando a Su Alteza en la forma
que lo hacen aquellas purísimas y espirituales sustancias, humillado ante el
trono de la beatísima Trinidad, salió de él una voz intelectual que le
dijo: Gabriel, ilumina, vivifica y consuela a Joaquín y Ana, nuestros
siervos, y diles que sus oraciones llegaron a nuestra presencia y sus ruegos
son oídos por nuestra clemencia; promételes que recibirán fruto de bendición
con el favor de nuestra diestra y que Ana concebirá y parirá una hija a
quien le damos por nombre María. 180. En este mandato del Altísimo le fueron revelados al arcángel san Gabriel
muchos misterios y sacramentos de los que pertenecían a esta embajada; y con
ella descendió al punto del cielo empíreo y se le apareció a san Joaquín,
que estaba en oración, y le dijo: Varón justo y recto, el Altísimo desde
su real trono ha visto tus deseos y oído tus peticiones y gemidos y te hace
dichoso en la tierra. Tu esposa Ana concebirá y parirá una hija que será
bendita entre las mujeres[18]
y las naciones la conocerán por bienaventurada.[19]
El que es Dios eterno, increado y criador de todo, y en sus juicios rectísimo,
poderoso y fuerte, me envía a ti, porque le han sido aceptas tus obras y
limosnas. Y la caridad ablanda el pecho del Todopoderoso y apresura sus
misericordias, que liberal quiero, enriquecer tu casa y familia con la hija
que concebirá Ana y el mismo Señor la pone por nombre María. Y desde su niñez
ha de ser consagrada a su templo, y en él a Dios, como se lo habéis
prometido. Será grande, escogida, poderosa y llena del Espíritu Santo y por
la esterilidad de Ana será milagrosa su concepción y la hija será en vida
y obras toda prodigiosa. Alaba, Joaquín, al Señor por este beneficio,
engrandécele, pues con ninguna nación hizo tal cosa. Subirás a dar gracias
al templo de Jerusalén y, en testimonio de que te anuncio esta verdad y
alegre nueva, en la puerta áurea encontrarás a tu hermana Ana, que por la
misma causa irá al templo. Y te advierto que es maravillosa esta embajada,
porque la concepción de esta niña alegrará el cielo y la tierra. 181. Todo esto le sucedió a san Joaquín en un sueño que se le dio en la
prolija oración que hizo; para que en él recibiese esta embajada, al modo
que sucedió después al santo José, esposo de María santísima, cuando se
le manifestó ser su preñado por obra del Espíritu Santo.
[20]
Despertó el dichosísimo san Joaquín con especial júbilo de su alma y, con
prudencia cándida y advertida, escondio en su corazón el sacramento del
Rey; [21] y con viva fe y esperanza derramó su espíritu
en la presencia del Altísimo y, convertido en ternura y agradecimiento, le
dio gracias y alabó sus inescrutables juicios; y para hacerlo mejor, se fue
al templo, como se lo habían ordenado. 182. En el mismo tiempo que sucedió esto a san Joaquín, estaba la dichosísima
santa Ana en altísima oración y contemplación, toda elevada en el Señor y
en el misterio de la encarnación que esperaba del Verbo eterno, de que el
mismo Señor le había dado altísimas inteligencias y especialísima luz
infusa. Y con profunda humildad y viva fe estaba pidiendo a Su Majestad
acelerase la venida del Reparador del linaje humano, y hacía esta oración:
Altísimo Rey y Señor de todo lo criado, yo, vil y despreciada criatura,
pero hechura de vuestras manos, deseara con dar la vida que de vos, Señor,
he recibido obligaros para que vuestra dignación abreviara el tiempo de
nuestra salud. ¡Oh, si vuestra piedad infinita se inclinase a nuestra
necesidad! ¡Oh, si nuestros ojos vieran ya al Reparador y Redentor de los
hombres! Acordaos, Señor, de las antiguas misericordias que habéis hecha
con vuestro pueblo, prometiéndole vuestro Unigénito, y oblígueos esta
determinación de infinita piedad. Llegue ya, llegue este día tan deseado.
¡Es posible que el Altísimo ha de bajar de su santo cielo! ¡Es posible que
ha de tener Madre en la tierra! ¡Qué mujer será tan dichosa y
bienaventurada! ¡Oh, quién pudiera verla! ¡Quién fuera digna de servir a
sus siervas! Bienaventuradas las generaciones que la vieren, que podrán
postrarse a sus pies y adorarla. ¡Qué dulce será su vista y conversación!
Dichosos los ojos que la vieren y los oídos que la oyeren sus palabras y la
familia que eligiere el Altísimo para tener Madre en ella. Ejecútese ya, Señor,
este decreto, cúmplase ya vuestro divino beneplácito. 183. En esta oración y coloquios estaba ocupada santa Ana después de las
inteligencias que había recibido de este inefable misterio y confería todas
las razones que quedan dichas con el santo ángel de su guarda, que muchas
veces, y en esta ocasión con más claridad, se le manifestó. Y ordenó el
Altísimo que la embajada de la concepción de su Madre santísima fuese en
algo semejante a la que después se había de hacer de su inefable encarnación.
Porque santa Ana estaba meditando con humilde fervor en la que había de ser
Madre de la Madre del Verbo
encarnado, y la Virgen santísima hacía los mismos actos y propósitos para
la que había de ser Madre de Dios, como en su lugar diré.
[22]
Y fue uno mismo el ángel de las dos embajadas, y en forma humana, aunque con
más hermosura y misteriosa apariencia se apareció a la Virgen María. 184. Entró el santo arcángel Gabriel en forma humana, hermoso y refulgente más
que el sol, a la presencia de santa Ana y díjola: Ana, sierva del Altísimo,
ángel del consejo de Su Alteza soy, enviado de las alturas por su divina
dignación, que mira a los humildes en la tierra.
[23] Buena es la oración incesante y la confianza
humilde. El Señor ha oído tus peticiones, porque está cerca de los que le
llaman[24]
con viva fe y esperanza y
aguardan con rendimiento. Y si se dilata el cumplimiento de los clamores y se
detiene en conceder las peticiones de los justos, es para mejor disponerlos y
más obligarse a darles mucho más de lo que piden y desean. La oración y
limosna abren los tesoros del Rey omnipotente [25]
y le inclinan a ser rico
en misericordias con los que le ruegan. Tú y Joaquín habéis pedido fruto
de bendición; y el Altísimo ha determinado dárosle admirable y santo y con
él enriqueceros de dones celestiales, concediéndoos mucho más de lo que
habéis pedido. Porque habiéndoos humillado en pedir, se quiere el Señor
engrandecer en concederos vuestras peticiones; que le es muy agradable la
criatura cuando humilde y confiada le pide no coartando su infinito poder.
Persevera en la oración y pide sin cesar el remedio del linaje humano para
obligar al Altísimo. Moisés con oración interminada hizo que venciese el
pueblo.[26]
Ester con oración y confianza le alcanzó libertad de la muerte. Judit por
la misma oración fue esforzada en obra tan ardua como intentó para defender
a Israel; y lo consiguió, siendo mujer flaca y débil. –David salió
victorioso contra Goliat, porque oró invocando el nombre del Señor. Elías
alcanzó fuego del cielo para su sacrificio y con la oración abría y
cerraba los cielos. La humildad, la fe y limosnas de Joaquín y las tuyas
llegaron al trono del Altísimo y me envió a mí, ángel suyo, para que
anuncie nuevas de alegría para tu espíritu; porque Su Alteza quiere que
seas dichosa y bienaventurada. Elígete por madre de la que ha de engendrar y
parir al Unigénito del Padre. Parirás una hija que por divina ordenación
se llamará María. Será bendita entre las mujeres y llena del Espíritu
Santo. Será la nube[27]
que derramará el rocío del cielo para refrigerio de los mortales y
en ella se cumplirán las profecías de vuestros antiguos padres. Será la
puerta de la vida y de la salud para los hijos de Adán. Y advierte que a
Joaquín le he evangelizado que tendrá una hija que será dichosa y bendita,
pero el Señor reservó el sacramento, no manifestándole que había de ser
Madre del Mesías. Y por esto debes tú guardar este secreto; y luego irás
al templo a dar gracias al Altísimo, porque tan liberal te ha favorecido su
poderosa diestra. Y en la puerta áurea encontrarás a Joaquín, donde
conferirás estas nuevas. Pero a ti, bendita del Señor, quiere su grandeza
visitarte y enriquecerte con sus favores más singulares y en soledad te
hablará al corazón[28]
y dará origen a la ley de gracia, dando ser en tu vientre a la que ha
de vestir de carne mortal al inmortal Señor, dándole forma humana; y en
esta humanidad unida al Verbo se escribirá con su sangre la verdadera ley de
misericordia. [29] 185. Para que el humilde corazón de santa Ana con esta embajada no
desfalleciera en admiración y júbilo de la nueva que le daba el santo ángel,
fue confortada por el Espíritu Santo su flaqueza; y así la oyó y recibió
con dilatación de su ánimo y alegría incomparable. Y luego se levantó y
fue al templo de Jerusalén y topó a san Joaquín, como el ángel les había
dicho a entrambos. Y juntos dieron gracias al Autor de esta maravilla y
ofrecieron dones particulares y sacrificios. Fueron de nuevo iluminados de la
gracia del divino Espíritu y, llenos de consolación divina, se volvieron a
su casa, confiriendo los favores que del Altísimo habían recibido y cómo
el santo arcángel Gabriel a cada uno singularmente les había hablado y
prometido de parte del Señor que les daría una hija que fuese muy dichosa y
bienaventurada. Y en esta ocasión también se manifestaron el uno al otro cómo
el mismo santo ángel antes de tomar estado les había mandado que los dos
juntos le recibiesen por la voluntad divina, para servirle juntos. Este
secreto habían celado veinte años sin comunicarle uno a otro, hasta que el
mismo ángel les prometió la sucesión de tal hija. Y de nuevo hicieron voto
de ofrecerla al templo y que todos los años en aquel día subirían a él
con particulares ofrendas y le gastarían en alabanza y hacimiento de gracias
y darían muchas limosnas. Y así lo cumplieron después e hicieron grandes cánticos
de loores y alabanzas al Altísimo. 186. Nunca descubrió la prudente matrona Ana el secreto a san Joaquín, ni a
otra criatura alguna, de que su hija había de ser Madre del Mesías; ni el
santo padre en el discurso de la vida conoció más de que sería grande y
misteriosa mujer; pero en los últimos alientos, antes de la muerte, se lo
manifestó el Altísimo, como diré en su lugar.[30]
Y aunque se me ha dado grande inteligencia de las virtudes y santidad
de los dos padres de la Reina del cielo, no me detengo más en declarar lo
que todos los fieles debemos suponer; y por llegar al principal intento. 187. Después de la primera concepción del cuerpo que había de ser para la
Madre de la gracia, y antes de criar su alma santísima, hizo Dios un
singular favor a santa Ana. Tuvo una visión o aparecimiento de Su Majestad
intelectualmente y por altísimo modo; y comunicándole en él grandes
inteligencias y dones de gracias, la dispuso y previno con bendiciones de
dulzura;[31]
y purificándola toda, espiritualizó la parte inferior del cuerpo y elevó
su alma y espíritu, de suerte que desde aquel día jamás atendió a cosa
humana que la impidiese para no tener puesto en Dios todo el afecto de su
mente y voluntad, sin perderla jamás de vista. Díjola el Señor en este
beneficio: Ana, sierva mía, yo soy Dios de Abrahán, Isaac y Jacob; mi
bendición y luz eterna es contigo. Yo formé al hombre para levantarle del
polvo y hacerle heredero de mi gloria y participante de mi divinidad; y
aunque en él deposité muchos dones y le puse en lugar y estado muy
perfecto, pero oyó a la serpiente y perdíólo todo. Yo de mi beneplácito,
olvidando su ingratitud, quiero reparar sus daños y cumplir lo que a mis
siervos y profetas tengo prometido de enviarles mi Unigénito y su Redentor.
Los cielos están cerrados, los padres antiguos detenidos, sin ver mi cara y
darles yo el premio que tengo prometido de mi eterna gloria; y la inclinación
de mi bondad infinita está como violentada no se comunicando al linaje
humano. Quisiera ya usar con él de mi liberal misericordia y darle la
persona del Verbo eterno, para que se haga hombre, naciendo de mujer que sea
madre y virgen inmaculada, pura, bendita y santa sobre todas las criaturas; y
de esta mi escogida y única[32]
te hago madre. 188. Los efectos que hicieron estas palabras del Altísimo en el cándido corazón
de santa Ana, no los puedo yo fácilmente explicar, siendo ella la primera de
los nacidos a quien se le reveló el misterio de su Hija santísima, que sería
Madre de Dios y nacería de sus entrañas la elegida para el mayor sacramento
del poder divino. Y convenía así que ella lo conociese, porque la había de
parir y criar como pedía este misterio y saber estimar el tesoro que poseía.
Oyó con humildad profunda la voz del Muy Alto, y con rendido corazón
respondió: Señor, Dios eterno, condición es de vuestra bondad inmensa y
obra de vuestro brazo poderoso levantar del polvo al que es pobre y
despreciado.[33]
Yo, Señor Altísimo, me reconozco indigna criatura de tales misericordias y
beneficios. ¿Qué hará este vil gusanillo en vuestra presencia? Sólo puedo
ofreceros en agradecimiento vuestro mismo ser y grandeza y en sacrificio mi
alma y mis potencias. Haced de mí, Señor mío, a vuestra voluntad, pues
toda me dejó en ella. Yo quisiera ser tan dignamente vuestra como pide este
favor; pero, ¿qué haré que no merezco ser esclava de la que ha de ser
Madre de vuestro Unigénito e hija mía? Así lo conozco y lo confesaré
siempre y de mí que soy pobre; pero a los pies de vuestra grandeza estoy
aguardando que uséis conmigo de vuestra misericordia, pues sois Padre
piadoso y Dios omnipotente. Hacedme, Señor, cual me queréis, según la
dignidad que me dais. 189. Tuvo en esta visión santa Ana un éxtasis maravilloso, en que le fueron
concedidas altísimas inteligencias de las leyes de la naturaleza, escrita y
evangélica; y conoció cómo la divina naturaleza en el Verbo eterno se había
de unir a la nuestra y cómo la humanidad santísima sería levantada al ser
de Dios y otros muchos misterios de los que se habían de obrar en la
encarnación del Verbo divino; y con estas ilustraciones y otros divinos
dones de gracia la dispuso el Altísimo para la concepción y creación del
alma de su Hija santísima y Madre de Dios. CAPITULO 14Cómo el Altísimo manifestó a los santos ángeles el tiempo determinado y oportuno de la concepción de María santísima y los que le señaló para su guarda. 190. En el tribunal de la voluntad divina, como en principio inevitable y, causa
universal de todo lo criado, se decretan y determinan todas las cosas que han
de ser, con sus condiciones y circunstancias, sin haber alguna que se olvide,
ni tampoco después de determinada la pueda impedir otra potencia criada.
Todos los orbes y los moradores que en ellos se contienen dependen de este
inefable gobierno, que a todos acude y concurre con las causas naturales, sin
haber faltado ni poder faltar un punto a lo necesario. Todo lo hizo Dios y lo
sustenta con solo su querer y en él está el conservar el ser que dio a
todas las cosas, o aniquilarlas volviéndolas al no ser de donde las crió.
Pero como las crió todas para su gloria y del Verbo humanado, así desde el
principio de la creación fue disponiendo los caminos y abriendo las sendas
por donde el mismo Verbo bajase a tomar carne humana y vivir con los hombres;
y ellos subiesen a Dios, le conozcan, le teman, le busquen, le sirvan y amen,
para alabarle eternamente y gozarle. 191. Admirable ha sido su nombre en la universidad de las tierras[34]
y engrandecido en la plenitud y congregación de los santos, con que ordenó
y compuso pueblo aceptable[35]
de quien el Verbo humanado fuese cabeza. Y cuando estaba todo en la última y
conveniente disposición, en que su providencia lo había querido poner, y
llegando el tiempo por ella determinado para criar la mujer maravillosa
vestida del sol a que apareció en el cielo, la que había de alegrar y
enriquecer la tierra, para formarla en ella decretó la santísima Trinidad
lo que, en mis cortas razones y concepto de lo que he entendido, manifestaré. 192. Ya queda dicho arriba[36]
cómo para Dios no hay pretérito ni futuro, porque todo lo tiene presente en
su mente divina infinita y lo conoce con un acto simplicísimo; pero, reduciéndolo
a nuestros términos y modo limitado de entender, consideramos que Su
Majestad miró a los decretos que tenía hechos de criar Madre conveniente y
digna para que el Verbo se humanase; porque el cumplimiento de sus decretos
es inevitable. Y llegando ya el tiempo oportuno y determinado las tres
divinas Personas en sí mismas dijeron: Tiempo es ya que demos principio a la
obra de nuestro beneplácito, y criemos aquella pura criatura y alma que ha
de hallar gracia en nuestros ojos sobre todas las demás. Dotémosla de ricos
dones y depositemos en ella sola los mayores tesoros de nuestra gracia. Y
pues todo el resto de las demás que dimos ser nos han salido ingratas y
rebeldes a nuestra voluntad, oponiéndose a nuestro intento de que se
conservasen en el primero y feliz estado en que criamos a los primeros
hombres y ellos le impidieron por su culpa, y no es conveniente que en todo
nuestra voluntad quede frustrada, criemos en toda santidad y perfección a
esta criatura, en quien no tenga parte el desorden del primer pecado. Criemos
un alma de nuestros deseos un fruto de nuestros atributos, un prodigio de
nuestro infinito poder, sin que le ofenda ni la toque la mácula del pecado
de Adán. Hagamos una obra que sea objeto de nuestra omnipotencia y muestra
de la perfección que disponíamos para nuestros hijos y el fin del dictamen
que tuvimos en la creación. Y pues han prevarícado todos en la voluntad
libre y determinación del primer hombre,[37]
sea esta sola criatura en quien restauremos y ejecutemos lo que, desviándose
de nuestro querer, ellos perdieron. Sea única imagen y similitud de nuestra
divinidad y sea en nuestra presencia por todas las eternidades complemento de
nuestro beneplácito y agrado. En ella depositaremos todas las prerrogativas
y gracias que en nuestra primer y condicional voluntad destinamos para los ángeles
y hombres, si en el primer estado se conservaran. Y si ellos las perdieron,
renovémoslas en esta criatura y añadiremos a estos dones otros muchos y no
quedará en todo frustrado el decreto que tuvimos, antes mejorado en esta
nuestra electa y única.[38]
Y pues determinamos lo más santo y prevenimos lo mejor para las criaturas, y
lo más perfecto y loable y ellas lo perdieron, encaminemos el corriente de
nuestra bondad para nuestra amada y saquémosla de la ley ordinaria de la
formación de todos los mortales, para que en ella no tenga parte la semilla
de la serpiente. Yo quiero descender del cielo a sus entrañas y en ellas
vestirme con su misma sustancia de la naturaleza humana. 193. Justo es y debido que la divinidad de bondad infinita se deposite y encubra
en materia purísima, limpia y nunca manchada con la culpa. Ni a nuestra
equidad y providencia conviene omitir lo más decente, perfecto y santo por
lo que es menos, pues a nuestra voluntad no hay resístencía.[39]
El Verbo, que se ha de humanar, siendo redentor y maestro de los hombres, ha
de fundar la ley perfectísima de la gracia y enseñar en ella a obedecer y
honrar al padre y a la madre[40]
como causas segundas de su ser natural. Esta ley se ha de ejecutar
primero honrando el Verbo divino a la que ha elegido para Madre suya, honrándola
y dignificándola con brazo poderoso y previniéndola con lo más admirable,
más santo, más excelente de todas las gracias y dones. Y entre ellos será
la honra y beneficio más singular no sujetarla a nuestros enemigos ni a su
malicia; y así ha de ser libre de la muerte de la culpa. 194. En la tierra ha de tener el Verbo madre sin padre, como en el cielo padre
sin madre. Y para que haya debida proporción y consonancia llamando a Dios
padre y a esta mujer madre, queremos que sea tal que se guarde la
correspondencia e igualdad posible entre Dios y la criatura, para que en ningún
tiempo el dragón pueda gloriarse fue superior a la mujer a quien obedeció
Dios como a verdadera madre. Esta dignidad de ser libre de culpa es debida y
correspondiente a la que ha de ser Madre del Verbo y para ella por sí misma
más estimable y provechosa, pues mayor bien es ser santa que ser madre sola;
pero al ser Madre de Dios le conviene toda la santidad y perfección. Y la
carne. humana, de quien ha de tomar forma, ha de estar segregada del pecado;
y habiendo de redimir en ella a los pecadores, no ha de redimir a su misma
carne como a los demás, pues unida ella con la divinidad ha de ser redentora
y por esto de antemano ha de ser preservada, pues ya tenemos previstos y
aceptados los infinitos merecimientos del Verbo en esa misma carne y
naturaleza. Y queremos que por todas las eternidades sea glorificado el Verbo
encarnado por su tabernáculo y gloriosa habitación de la humanidad que
recibió. 195. Hija ha de ser del primer hombre, pero, en cuanto a la gracia, singular,
libre y exenta de su culpa y, en cuanto a lo natural, ha de ser perfectísima
y formada con especial providencia. Y porque el Verbo humanado ha de ser
maestro de la humildad y santidad y para este fin son medio conveniente los
trabajos que ha de padecer, confundiendo la vanidad y falacia engañosa de
los mortales, y para sí ha elegido esta herencia por el tesoro más
estimable en nuestros ojos queremos que también le toque esta parte a la que
ha de ser Madre suya y que sea única y singular en la paciencia, admirable
en el sufrir, y que con su Unigénito ofrezca sacrificio de dolor aceptable a
nuestra voluntad y de mayor gloria para ella. 196. Este fue el decreto que las tres divinas Personas manifestaron a los santos
ángeles, exaltando la gloria y veneración de sus santísimos, altísimos,
investigables juicios. Y como su divinidad es espejo voluntario que en la
misma visión beatífica manifiesta, cuando es servido, nuevos misterios a
los bienaventurados, hizo esta demostración nueva de su grandeza, en que
viesen el orden admirable y armonía tan consonante de sus obras. Y todo fue
consiguiente a lo que dijimos en los capítulos antecedentes[41]
que hizo el Altísimo en la creación de los ángeles, cuando les propuso habían
de reverenciar y conocer por superior al Verbo humanado y a su Madre santísima;
porque llegado ya el tiempo destinado para la formación de esta Reina,
convenía no lo ocultase el Señor que todo lo dispone en medida y peso.[42]
Fuerza es que, con términos humanos y tan limitados como los que yo alcanzo,
se oscurezca la inteligencia que me ha dado el Altísimo de tan ocultos
misterios, pero con limitación diré lo que pudiere de lo que manifestó el
Señor a los ángeles en esta ocasión. 197. Ya es llegado el tiempo – añadió Su Majestad – determinado por
nuestra providencia para sacar a luz la criatura más grata y acepta a
nuestros ojos la restauradora de la primera culpa del linaje humano, la que
al dragón ha de quebrantar la cabeza,[43]
la que señaló aquella singular mujer que por señal grande apareció[44]
en nuestra presencia y la que vestirá de carne humana al Verbo
eterno. Ya se acercó la hora tan dichosa para los mortales, para
franquearles los tesoros de nuestra divinidad y hacerles con esto patentes
las puertas del cielo. Deténgase ya el rigor de nuestra justicia en los
castigos que hasta ahora ha ejecutado con los hombres y conózcase el de
nuestra misericordia, enriqueciendo a las criaturas, mereciéndoles el Verbo
humanado las riquezas de la gracia y gloria eterna. 198. Tenga ya el linaje humano reparador, maestro, medianero, hermano y amigo,
que sea vida para los muertos, salud para los enfermos, consuelo para los
tristes, refrigerio para los afligidos, descanso y compañero para los
atribulados. Cúmplanse ya las profecías de nuestros siervos y las promesas
que les hicimos de enviarles salvador que les redimiese. Y para que todo se
ejecute a nuestro beneplácito y demos principio al sacramento escondido
desde la constitución del mundo, elegimos para la formación de María
nuestra querida el vientre de nuestra sierva Ana, para que en él sea
concebida y sea criada su alma dichosísima. Y aunque su generación y
formación han de ser por el común orden de la natural propagación, pero
con diferente orden de gracia, según la disposición de nuestro inmenso
poder. 199. Ya sabéis cómo la antigua serpiente, después de la señal que vio de
esta maravillosa mujer, las anda rodeando a todas; y desde la primera que
criamos, persigue con astucia y asechanzas a las que conoce más perfectas en
su vida y obras, pretendiendo topar entre todas a la que ha de hollar y
quebrantar su cabeza. Y cuando atento a esta purísima e inculpable criatura
la reconociere tan santa, pondrá todo su esfuerzo en perseguirla según el
concepto que de ella hiciere. La soberbia de este dragón será mayor que su
fortaleza,[45]
pero nuestra voluntad es que de esta nuestra ciudad santa y tabernáculo del
Verbo humanado tengáis especial cuidado y protección, para guardarla,
asistirla y defenderla de nuestros enemigos y para iluminarla, confortarla y
consolarla con digno cuidado y reverencia mientras fuere viadora entre los
mortales. 200. A esta proposición que hizo el Altísimo a los santos ángeles, todos con
humildad profunda, como postrados ante el real trono de la santísima
Trinidad, se mostraron rendidos y prontos a su divino mandato. Y cada cual
con santa emulación deseaba ser enviado y se ofrecía a tan feliz ministerio
y todos hicieron al Altísimo himnos de alabanza y cantar nuevo, porque
llegaba ya la hora en que veían el cumplimiento de lo que con ardentísimos
deseos habían por muchos siglos suplicado. Conocí en esta ocasión que,
desde aquella batalla grande que san Miguel tuvo en el cielo con el dragón y
sus aliados y fueron arrojados a las tinieblas sempiternas, quedando los ejércitos
de san Miguel victoriosos y confirmados en gracia y gloria, comenzaron luego
estos santos espíritus a pedir la ejecución de los misterios de la
encarnación del Verbo que allí conocieron; y en estas peticiones repetidas
perseveraron hasta la hora que les manifestó Dios el cumplimiento de sus
deseos y peticiones. 201. Por esta razón los espíritus celestiales con esta nueva revelación
recibieron nuevo júbilo y gloria accidental y dijeron al Señor: Altísimo e
incomprensible Señor y Dios nuestro, digno eres de toda reverencia, alabanza
y gloria eterna; y nosotros somos tus criaturas criadas por tu divina
voluntad. Envíanos, Señor poderosísimo, a la ejecución de tus
maravillosas obras y misterios, para que en todos y en todo se cumpla tu justísimo
beneplácito. Con estos efectos se reconocían los celestiales príncipes por
inferiores y, si posible fuera, deseaban ser más puros y perfectos para ser
dignos de guardarla y servirla. 202. Determinó luego el Altísimo y señaló quiénes habían de ocuparse en
tan alto ministerio y de los nueve coros eligió de cada uno ciento, que son
novecientos. Y luego señaló otros doce para que más de ordinario la
asistiesen en forma corporal y visible; y tenían señales o divisas de la
redención; y éstos son los doce que refiere el capítulo 21 del Apocalipsis[46]
que guardaban las puertas de la ciudad, y de ellos hablaré en la
declaración de aquel capítulo que pondré adelante.[47]
Fuera de éstos señaló el Señor otros diez y ocho ángeles de los más
superiores, para que subiesen y descendiesen por esta escala mística de
Jacob con embajadas de la Reina a Su Alteza y del mismo Señor a ella; porque
muchas veces los enviaba al eterno Padre para ser gobernada en todas sus
acciones por el Espíritu Santo, pues ninguna hizo sin su divino beneplácito
y aun en las cosas pequeñas le procuraba saber. Y cuando con especial
ilustración no era enseñada, enviaba con estos santos ángeles a
representar al Señor su duda y deseo de hacer lo más agradable a su
voluntad santísima y saber qué la mandaba, como en el discurso de esta
Historia diremos. 203. Sobre todos estos santos ángeles señaló y nombró el Altísimo otros setenta serafines de los más supremos y allegados al trono de la Divinidad, para que confiriesen con la Princesa del cielo y la comunicasen, por el mismo modo que ellos mismos entre sí comunican y hablan y los superiores iluminan a los inferiores. Y este beneficio le fue concedido a la Madre de Dios, aunque era superior en la dignidad y gracia a todos los serafines, porque era viadora y en naturaleza inferior. Y cuando alguna vez se le ausentaba y escondía el Señor, como adelante veremos,[48] estos setenta serafines la ilustraban y consolaban y con ellos confería los afectos de su ardentísimo amor y sus ansias por el tesoro escondido. El número de setenta en este beneficio tuvo correspondencia a los años de su vida santísima, que fueron no sesenta, sino setenta, como diré en su lugar.[49] En este número se encierran aquellos sesenta fuertes que, en el capítulo III de los Cantares,[50] se dice guardaban el tálamo o lecho de Salomón, escogidos de los más valientes de Israe |