La Concepción Inmaculada

de la Madre de Dios

 

 

María de Jesús de Agreda oic

Mística Ciudad de Dios

Libro I, Cap.12-19

 

 

Libro I

CAPITULO 12

Cómo, habiéndose propagado el linaje humano, crecieron los clamores de los justos por la venida del Mesías, y también crecieron los pecados, y en esta noche de la antigua ley envió Dios al mundo dos luceros que anunciasen la ley de gracia.

 

164. Dilatóse en gran número la posteridad y linaje de Adán, multiplicándose los justos y los injustos, los clamores de los santos por el Reparador y los delitos de los pecadores para desmerecer este beneficio. El pueblo del Altísimo y el triunfo del Verbo, que había de humanarse, estaban ya en las últimas disposiciones que la divina voluntad obraba en ellos para venir el Mesías; porque el reino del pecado en los hijos de perdición había dilatado su malicia casi hasta los últimos términos y había llegado el tiempo oportuno del remedio. Habíase aumentado la corona y méritos de los justos; y los profetas y santos padres con el júbilo de la divina luz reconocían que se acercaba la salud y la presencia de su redentor y multiplicaban sus clamores, pidiendo a Dios se cumpliesen las profecías y promesas hechas a su pueblo; y delante del trono real de la divina misericordia representaban la prolija y larga noche [1] que había corrido en las tinieblas del pecado, desde la creación del primer hombre, y la ceguera de idolatrías en que estaba ofuscado todo el resto del linaje humano.

 

165. Cuando la antigua serpiente había inficionado con su aliento todo el orbe y, al parecer, gozaba de la pacífica posesión de los mortales; y cuando ellos, desatinando de la luz de la misma razón natural [2] de la que por la antigua ley escrita pudieran tener, en lugar de buscar la divinidad verdadera, fingían muchas falsas y cada cual formaba dios a su gusto, sin advertir que la confusión de tantos dioses, aun para perfección, orden y quietud, era repugnante; cuando con estos errores se habían ya naturalizado la malicia, la ignorancia y el olvido del verdadero Dios y se ignoraba la mortal dolencia y letargo que en el mundo se padecía, sin abrir la boca los míseros dolientes para pedir el remedio; cuando reinaba la soberbia y el número de los necios era sin número[3] y la arrogancia de Lucifer intentaba beberse las aguas puras del Jordán; [4] cuando con estas injurias estaba Dios más ofendido y menos obligado de los hombres y el atributo de su justicia tenía tan justificada su causa para aniquilar todo lo criado convirtiéndolo a su antiguo no ser.

 

166. En esta ocasión –a nuestro entender– convirtió el Altísimo su atención al atributo de su misericordia e inclinó el peso de su incomprensible equidad con la ley de la clemencia; y se quiso dar por más obligado de su misma bondad y de los clamores y servicios de los justos y profetas de su pueblo, que desobligarse de la maldad y ofensas de todo el resto de los pecadores; y en aquella noche tan pesada de la ley antigua determinó dar prendas ciertas del día de la gracia, enviando al mundo dos luceros clarísimos que anunciasen la claridad ya vecina del sol de justicia Cristo, nuestra salud. Estos fueron san Joaquín y Ana, prevenidos y criados por la divina voluntad para que fuesen hechos a medida de su corazón. San Joaquín tenía casa, familia y deudos en Nazaret, pueblo de Galilea, y fue siempre varón justo y santo, ilustrado con especial gracia y luz de lo alto. Tenía inteligencia de muchos misterios de las Escrituras y profetas antiguos y con oración continua y fervorosa pedía a Dios el cumplimiento de sus promesas, y su fe y caridad penetraban los cielos. Era varón humildísimo y puro, de costumbres santas y suma sinceridad, pero de gran peso y severidad y de incomparable compostura y honestidad.

 

167. La felicísima santa Ana tenía su casa en Belén, y era doncella castísima, humilde y hermosa y, desde su niñez, santa, compuesta y llena de virtudes. Tuvo también grandes y continuas ilustraciones del Altísimo y siempre ocupaba su interior con altísima contemplación, siendo juntamente muy oficiosa y trabajadora, con que llegó a la plenitud de la perfección de las vidas activa y contemplativa. Tenía noticia infusa de las Escrituras divinas y profunda inteligencia de sus escondidos misterios y sacramentos; y en las virtudes infusas, fe, esperanza y caridad, fue incomparable. Con estos dones prevenida oraba continuamente por la venida del Mesías, y sus ruegos fueron tan aceptos al Señor para acelerar el paso, que singularmente le pudo responder había herido su corazón en uno de sus cabellos, [5] pues sin duda alguna en apresurar la venida del Verbo tuvieron los merecimientos de santa Ana altísimo lugar entre los santos del Viejo Testamento.

 

168. Hizo también esta mujer fuerte oración fervorosa para que el Altísimo en el estado del matrimonio la diese compañía de esposo que la ayudase a la guarda de la divina ley y testamento santo y para ser perfecta en la observancia de sus preceptos. Y al mismo tiempo que santa Ana pedía esto al Señor, ordenó su providencia que san Joaquín hiciese la misma oración, para que juntas fuesen presentadas estas dos peticiones en el tribunal de la beatísima Trinidad, donde fueron oídas y despachadas. Y luego por ordenación divina se dispuso cómo Joaquín y Ana tomasen estado de matrimonio juntos y fuesen padres de la que había de ser Madre del mismo Dios humanado. Y para ejecutar este decreto, fue enviado el santo arcángel Gabriel, que se lo manifestase a los dos. A santa Ana se le apareció corporalmente estando en oración fervorosa pidiendo la venida del Salvador del mundo y el remedio de los hombres; y vio al santo príncipe con gran hermosura y refulgencia, que a un mismo tiempo causó en ella alguna turbación y temor con interior júbilo e iluminación de su espíritu. Postróse la Santa con profunda humildad para reverenciar al embajador del cielo, pero él la detuvo y confortó, como a depósito que había de ser del arca del verdadero maná, María santísima, Madre del Verbo eterno; porque ya este santo arcángel había conocido este misterio del Señor cuando fue enviado con esta embajada; aunque entonces no lo conocieron los demás ángeles del cielo, porque a solo san Gabriel fue hecha esta revelación o iluminación inmediatamente del Señor. Tampoco manifestó el ángel a santa Ana este gran sacramento por entonces, mas pidióla atención y la dijo: El Altísimo te dé su bendición, sierva suya, y sea tu salud. Su Alteza ha oído tus peticiones y quiere que perseveres en ellas y clames por la venida del Salvador; y es su voluntad que recibas por esposo a Joaquín, que es varón de corazón recto y agradable a los ojos del Señor, y con su compañía podrás perseverar en la observancia de su divina ley y servicio. Continúa tus oraciones y súplicas y de tu parte no hagas otra diligencia; que el mismo Señor ordenará el cómo se ha de ejecutar. Y tú camina por las sendas rectas de la justicia y tu habitación interior siempre sea en las alturas; y pide siempre por la venida del Mesías y alégrate en el Señor que es tu salud.–Con esto desapareció el ángel, dejándola ilustrada en muchos misterios de las Escrituras y confortada y renovada en su espíritu.

 

169. A san Joaquín apareció y habló el arcángel, no corporalmente como a santa Ana, pero en sueños apercibió el varón de Dios que le decía estas razones: Joaquín, bendito seas de la divina diestra del Altísimo, persevera en tus deseos y vive con rectitud y pasos perfectos. Voluntad del Señor es que recibas por tu esposa a Ana, que es alma a quien el Todopoderoso ha dado su bendición. Cuida de ella y estímala como prenda del Altísimo y dale gracias a Su Majestad porque te la ha entregado.–En virtud de estas divinas embajadas pidió luego Joaquín por esposa a la castísima Ana y se efectuó el casamiento, obedeciendo los dos a la divina disposición; pero ninguno manifestó al otro el secreto de lo que les había sucedido hasta pasados algunos años, como diré en su lugar.[6] Vivieron los dos santos esposos en Nazaret, procediendo y caminando por las justificaciones del Señor; y con rectitud y sinceridad dieron el lleno de las virtudes a sus obras y se hicieron muy agradables y aceptos al Altísimo sin reprensión. De las rentas y frutos de su hacienda en cada año hacían tres partes: la primera ofrecían al templo de Jerusalén para el culto del Señor, la segunda distribuían a los pobres, y con la tercera sustentaban su vida y familia decentemente; y Dios les acrecentaba los bienes temporales, porque los expendían con tanta largueza y caridad.

 

170. Vivían asimismo con inviolable paz y conformidad de ánimos, sin querella y sin rencilla alguna. Y la humildísima Ana vivía en todo sujeta y rendida a la voluntad de Joaquín; y el varón de Dios con la emulación santa de la misma humildad se adelantaba a saber la voluntad de santa Ana, confiando en ella su corazón, [7] y no quedando frustrado; con que vivieron en tan perfecta caridad, que en su vida tuvieron diferencia en que el uno dejase de querer lo mismo que quería el otro; mas como congregados en el nombre del Señor, [8] estaba Su Majestad con su temor santo en medio de ellos. Y el santo Joaquín cumplió y obedeció el mandamiento del ángel de que estimase a su esposa y tuviese cuidado de ella.

 

171. Previno el Señor con bendiciones de dulzura[9] a la santa matrona Ana, comunicándola altísimos dones de gracia y ciencia infusa, que la dispusiesen para la buena dicha que la aguardaba de ser madre  de la que lo había de ser del mismo Señor; y como las obras del Altísimo son perfectas y consumadas, fue consiguiente que la hiciese digna madre de la criatura más pura y que en santidad había de ser inferior a solo Dios y superior a todo lo criado.

 

172. Pasaron estos santos casados veinte años sin sucesión de hijos; cosa que en aquella edad y pueblo se tenía por más infelicidad y desgracia, a cuya causa padecieron entre sus vecinos y conocidos muchos oprobios y desprecios; que los que no tenían hijos se reputaban como excluidos de tener parte en la venida del Mesías que esperaban. Pero el Altísimo, que por medio de esta humillación los quiso afligir y disponer para la gracia que les prevenía, les dio tolerancia y conformidad para que sembrasen con lágrimas[10]  y oraciones el dichoso fruto que después habían de coger. Hicieron grandes peticiones de lo profundo de su corazón, teniendo para esto especial mandato de lo alto, y ofrecieron al Señor con voto expreso que, si les daba hijos, consagrarían a su servicio en el templo el fruto que recibiesen de bendición.

 

173. Y el hacer este ofrecimiento fue por especial impulso del Espíritu Santo, que ordenaba cómo antes de tener ser la que había de ser morada de su unigénito Hijo, fuese ofrecida y como entregada por sus padres al mismo Señor. Porque si antes de conocerla y tratarla no se obligaran con voto particular de ofrecerla al templo, viéndola después tan dulce y agradable criatura no lo pudieran hacer con tanta prontitud por el vehemente amor que la tendrían. Y –a nuestro modo de entender– con este ofrecimiento no sólo satisfacía el Señor a los celos que ya tenía de que su Madre santísima estuviese por cuenta de otros, pero se entretenía su amor en la dilación de criarla.

 

174. Habiendo perseverado un año entero después que el Señor se lo mandó en estas fervientes peticiones, sucedió que san Joaquín fue por divina inspiración y mandato al templo de Jerusalén, a ofrecer oraciones y sacrificios por la venida del Mesías y por el fruto que deseaba; y llegando con otros de su pueblo a ofrecer los comunes dones y otrendas en presencia del sumo sacerdote, otro inferior, que se llamaba Isacar, reprendió ásperamente al venerable viejo Joaquín porque llegaba a ofrecer con los demás, siendo infecundo; y entre otras razones le dijo: Tú, Joaquín, ¿por qué llegas a ofrecer siendo hombre inútil? Desvíate de los demás y vete, no enojes a Dios con tus ofrendas y sacrificios, que no son gratos a sus ojos.–El santo varón, avergonzado y confuso, con humilde y amoroso afecto, se convirtió al Señor y le dijo: Altísimo Dios eterno, con vuestro mandato y voluntad vine al templo; el que está en vuestro lugar me desprecia; mis pecados son los que merecen esta ignominia; pues la recibo por vuestro querer, no despreciéis la hechura de vuestras manos.- [11] Fuese Joaquín del templo contristado, pero pacífico y sosegado, a una casa de campo o granja que tenía y allí en soledad de algunos días clamó al Señor e hizo oración:

 

175. Altísimo Dios eterno, de quien depende todo el ser y el reparo del linaje humano, postrado en vuestra real presencia os suplico se digne vuestra infinita bondad de mirar la aflicción de mi alma y oír mis peticiones y las de vuestra sierva Ana. A vuestros ojos son manifiestos todos nuestros deseos [12] y, si yo no merezco ser oído, no despreciéis a mi humilde esposa. Santo Dios de Abrahán, Isaac y Jacob, nuestros antiguos padres, no escondáis vuestra piedad de nosotros, ni permitáis, pues sois padre, que yo sea de los réprobos y desechados en mis ofrendas como inútil, porque no me dais sucesión. Acordaos, Señor, de los sacrificios y oblaciones de vuestros siervos y profetas, [13] mis padres antiguos, y tened presentes las obras que en ellos fueron gratas a vuestros ojos divinos; y pues me mandáis, Señor mío, que con confianza os pida como a poderoso y rico en misericordias, concededme lo que por vos deseo y pido; pues en pediros hago vuestra santa voluntad y obediencia, en que me prometéis mi petición: y si mis culpas detienen vuestras misericordias, apartad de mí lo que os desagrada e impide. Poderoso sois, Señor Dios de Israel, y todo lo que fuere vuestra voluntad podéis obrar sin resistencia. [14] Lleguen a vuestros oídos mis peticiones, que si soy pobre y pequeño, vos sois infinito e inclinado a usar de misericordia con los abatidos. ¿Adónde iré de vos, que sois el Rey de los reyes, el Señor de los señores y todopoderoso? A vuestros hijos y siervos habéis llenado, Señor, de dones y bendiciones en sus generaciones; a mí me enseñáis a desear y esperar de vuestra liberalidad lo que habéis obrado con mis hermanos. Si fuere vuestro beneplácito conceder mi petición, el fruto de sucesión que de vuestra mano recibiere, lo ofreceré y consagraré a vuestro templo santo, para servicio vuestro. Entregado tengo mi corazón y mente a vuestra voluntad y siempre he deseado apartar mis ojos de la vanidad. Haced de mí lo que fuere vuestro agrado y alegrad, Señor, nuestro espíritu con el cumplimiento de nuestra esperanza. Mirad desde vuestro solio al humilde polvo y levantadle, para que os magnifique y adore y en todo se cumpla vuestra voluntad y no la mía.

 

176. Esta petición hizo Joaquín en su retiro; y en el ínterin el santo ángel declaró a santa Ana cómo sería agradable oración para su alteza que le pidiese sucesión de hijos con el santo afecto e intención que los deseaba. Y habiendo conocido la santa matrona ser ésta la divina voluntad y también la de su esposo Joaquín, con humilde rendimiento y confianza en la presencia del Señor, hizo oración por lo que se le ordenaba y dijo: Dios altísimo, Señor, mío, Criador y Conservador universal de todas las cosas, a quien mi alma reverencia y adora como a Dios verdadero infinito, santo y eterno; postrada en vuestra real presencia hablaré, aunque sea polvo y ceniza,[15]  manifestando mi necesidad y aflicción. Señor, Dios increado, hacednos dignos de vuestra bendición, dándonos fruto santo que ofrecer a vuestro servicio en vuestro templo.[16] Acordaos, Señor mío, que Ana, sierva vuestra, madre de Samuel, era estéril y con vuestra liberal misericordia recibió el cumplimiento de sus deseos. Yo siento en mi corazón una fuerza que me alienta y anima a pediros hagáis conmigo esta misericordia. Oíd, pues, dulcísimo Señor y Dueño mío, mi petición humilde y acordaos de los servicios, ofrendas y sacrificios de mis antiguos padres y los favores que obró en ellos el brazo poderoso de vuestra omnipotencia. Yo, Señor, quisiera ofrecer a vuestros ojos oblación agradable y aceptable, pero la mayor y la que puedo es mi alma, mis potencias y sentidos que me disteis y todo el ser que tengo; y si mirándome desde vuestro real solio me diereis sucesión, desde ahora la consagro y ofrezco para serviros en el templo. Señor Dios de Israel, si fuere voluntad y gusto vuestro mirar a esta vil y pobre criatura y consolar a vuestro siervo Joaquín, concedednos, Señor, esta petición y en todo se cumpla vuestra voluntad santa y eterna.

 

177. Estas fueron las peticiones que hicieron los santos Joaquín y Ana; y de la inteligencia que he tenido de ellas y de la santidad incomparable de estos dichosos padres, no puedo por mi gran cortedad e insuficiencia decir todo lo que conozco y siento; ni todo se puede referir, ni es necesario, pues es bastante para mi intento lo dicho; y para hacer altos conceptos de estos Santos, se han de medir y ajustar con el altísimo fin y ministerio para que fueron escogidos de Dios, que era ser abuelos inmediatos de Cristo Señor nuestro y padres de su Madre santísima.

 

CAPITULO 13

Cómo por el santo arcángel Gabriel fue evangelizada la concepción de María santísima y cómo previno Dios a santa Ana para esto con un especial favor.

 

178. Llegaron las peticiones de los santos Joaquín y Ana a la presencia y trono de la beatísima Trinidad, donde, siendo oídas y aceptadas, se les manifestó a los santos ángeles la voluntad divina, como si –a nuestro modo de entender– las tres divinas Personas hablaran con ellos y les dijeran: Determinado tenemos por nuestra dignación que la persona del Verbo tome carne humana y que en ella remedie a todo el linaje de los mortales; y a nuestros siervos los profetas lo tenemos manifestado y prometido, para que ellos lo profetizasen al mundo. Los pecados de los vivientes y su malicia es tanta, que nos obligaba a ejecutar el rigor de nuestra justicia; pero nuestra bondad y misericordia excede a todas sus maldades y no pueden ellas extinguir nuestra caridad. Miremos a las obras de nuestras manos, que criamos a nuestra imagen y semejanza para que fueran herederos y partícipes de nuestra eterna gloria. [17]  Atendamos a los servicios y agrado que nos han dado nuestros siervos y amigos y a los muchos que se levantarán y que serán grandes en nuestras alabanzas y beneplácito. Y singularmente pongamos delante de nuestros ojos aquella que ha de ser electa entre millares y sobre todas las criaturas ha de ser aceptable y señalada para nuestras delicias y beneplácito y que en sus entrañas ha de recibir a la persona del Verbo y vestirle de la mortalidad de la carne humana. Y pues ha de tener principio esta obra en que manifestemos al mundo los tesoros de nuestra divinidad, ahora es el tiempo aceptable y oportuno para la ejecución de este sacramento. Joaiquin y Ana hallaron gracia en nuestros ojos, porque piadosamente los miramos y prevenimos con la virtud de nuestros dones y gracias. Y en las pruebas de su verdad han sido fieles y con sencilla candidez sus almas se han hecho aceptas y agradables en nuestra presencia. Vaya Gabriel, nuestro embajador, y déles nuevas de alegría para ellos y para todo el linaje humano y anúncieles cómo nuestra dignación los ha mirado y escogido.

 

179. Conociendo los espíritus celestiales esta voluntad y decreto del Altísimo, el santo arcángel Gabriel, adorando y reverenciando a Su Alteza en la forma que lo hacen aquellas purísimas y espirituales sustancias, humillado ante el trono de la beatísima Trinidad, salió de él una voz intelectual que le dijo: Gabriel, ilumina, vivifica y consuela a Joaquín y Ana, nuestros siervos, y diles que sus oraciones llegaron a nuestra presencia y sus ruegos son oídos por nuestra clemencia; promételes que recibirán fruto de bendición con el favor de nuestra diestra y que Ana concebirá y parirá una hija a quien le damos por nombre María.

 

180. En este mandato del Altísimo le fueron revelados al arcángel san Gabriel muchos misterios y sacramentos de los que pertenecían a esta embajada; y con ella descendió al punto del cielo empíreo y se le apareció a san Joaquín, que estaba en oración, y le dijo: Varón justo y recto, el Altísimo desde su real trono ha visto tus deseos y oído tus peticiones y gemidos y te hace dichoso en la tierra. Tu esposa Ana concebirá y parirá una hija que será bendita entre las mujeres[18] y las naciones la conocerán por bienaventurada.[19] El que es Dios eterno, increado y criador de todo, y en sus juicios rectísimo, poderoso y fuerte, me envía a ti, porque le han sido aceptas tus obras y limosnas. Y la caridad ablanda el pecho del Todopoderoso y apresura sus misericordias, que liberal quiero, enriquecer tu casa y familia con la hija que concebirá Ana y el mismo Señor la pone por nombre María. Y desde su niñez ha de ser consagrada a su templo, y en él a Dios, como se lo habéis prometido. Será grande, escogida, poderosa y llena del Espíritu Santo y por la esterilidad de Ana será milagrosa su concepción y la hija será en vida y obras toda prodigiosa. Alaba, Joaquín, al Señor por este beneficio, engrandécele, pues con ninguna nación hizo tal cosa. Subirás a dar gracias al templo de Jerusalén y, en testimonio de que te anuncio esta verdad y alegre nueva, en la puerta áurea encontrarás a tu hermana Ana, que por la misma causa irá al templo. Y te advierto que es maravillosa esta embajada, porque la concepción de esta niña alegrará el cielo y la tierra.

 

181. Todo esto le sucedió a san Joaquín en un sueño que se le dio en la prolija oración que hizo; para que en él recibiese esta embajada, al modo que sucedió después al santo José, esposo de María santísima, cuando se le manifestó ser su preñado por obra del Espíritu Santo. [20] Despertó el dichosísimo san Joaquín con especial júbilo de su alma y, con prudencia cándida y advertida, escondio en su corazón el sacramento del Rey; [21] y con viva fe y esperanza derramó su espíritu en la presencia del Altísimo y, convertido en ternura y agradecimiento, le dio gracias y alabó sus inescrutables juicios; y para hacerlo mejor, se fue al templo, como se lo habían ordenado.

 

182. En el mismo tiempo que sucedió esto a san Joaquín, estaba la dichosísima santa Ana en altísima oración y contemplación, toda elevada en el Señor y en el misterio de la encarnación que esperaba del Verbo eterno, de que el mismo Señor le había dado altísimas inteligencias y especialísima luz infusa. Y con profunda humildad y viva fe estaba pidiendo a Su Majestad acelerase la venida del Reparador del linaje humano, y hacía esta oración: Altísimo Rey y Señor de todo lo criado, yo, vil y despreciada criatura, pero hechura de vuestras manos, deseara con dar la vida que de vos, Señor, he recibido obligaros para que vuestra dignación abreviara el tiempo de nuestra salud. ¡Oh, si vuestra piedad infinita se inclinase a nuestra necesidad! ¡Oh, si nuestros ojos vieran ya al Reparador y Redentor de los hombres! Acordaos, Señor, de las antiguas misericordias que habéis hecha con vuestro pueblo, prometiéndole vuestro Unigénito, y oblígueos esta determinación de infinita piedad. Llegue ya, llegue este día tan deseado. ¡Es posible que el Altísimo ha de bajar de su santo cielo! ¡Es posible que ha de tener Madre en la tierra! ¡Qué mujer será tan dichosa y bienaventurada! ¡Oh, quién pudiera verla! ¡Quién fuera digna de servir a sus siervas! Bienaventuradas las generaciones que la vieren, que podrán postrarse a sus pies y adorarla. ¡Qué dulce será su vista y conversación! Dichosos los ojos que la vieren y los oídos que la oyeren sus palabras y la familia que eligiere el Altísimo para tener Madre en ella. Ejecútese ya, Señor, este decreto, cúmplase ya vuestro divino beneplácito.

 

183. En esta oración y coloquios estaba ocupada santa Ana después de las inteligencias que había recibido de este inefable misterio y confería todas las razones que quedan dichas con el santo ángel de su guarda, que muchas veces, y en esta ocasión con más claridad, se le manifestó. Y ordenó el Altísimo que la embajada de la concepción de su Madre santísima fuese en algo semejante a la que después se había de hacer de su inefable encarnación. Porque santa Ana estaba meditando con humilde fervor en la que había de ser Madre de la Madre del  Verbo encarnado, y la Virgen santísima hacía los mismos actos y propósitos para la que había de ser Madre de Dios, como en su lugar diré. [22] Y fue uno mismo el ángel de las dos embajadas, y en forma humana, aunque con más hermosura y misteriosa apariencia se apareció a la Virgen María.

 

184. Entró el santo arcángel Gabriel en forma humana, hermoso y refulgente más que el sol, a la presencia de santa Ana y díjola: Ana, sierva del Altísimo, ángel del consejo de Su Alteza soy, enviado de las alturas por su divina dignación, que mira a los humildes en la tierra. [23] Buena es la oración incesante y la confianza humilde. El Señor ha oído tus peticiones, porque está cerca de los que le llaman[24]  con viva fe y esperanza y aguardan con rendimiento. Y si se dilata el cumplimiento de los clamores y se detiene en conceder las peticiones de los justos, es para mejor disponerlos y más obligarse a darles mucho más de lo que piden y desean. La oración y limosna abren los tesoros del Rey omnipotente [25]  y le inclinan a ser rico en misericordias con los que le ruegan. Tú y Joaquín habéis pedido fruto de bendición; y el Altísimo ha determinado dárosle admirable y santo y con él enriqueceros de dones celestiales, concediéndoos mucho más de lo que habéis pedido. Porque habiéndoos humillado en pedir, se quiere el Señor engrandecer en concederos vuestras peticiones; que le es muy agradable la criatura cuando humilde y confiada le pide no coartando su infinito poder. Persevera en la oración y pide sin cesar el remedio del linaje humano para obligar al Altísimo. Moisés con oración interminada hizo que venciese el pueblo.[26] Ester con oración y confianza le alcanzó libertad de la muerte. Judit por la misma oración fue esforzada en obra tan ardua como intentó para defender a Israel; y lo consiguió, siendo mujer flaca y débil. –David salió victorioso contra Goliat, porque oró invocando el nombre del Señor. Elías alcanzó fuego del cielo para su sacrificio y con la oración abría y cerraba los cielos. La humildad, la fe y limosnas de Joaquín y las tuyas llegaron al trono del Altísimo y me envió a mí, ángel suyo, para que anuncie nuevas de alegría para tu espíritu; porque Su Alteza quiere que seas dichosa y bienaventurada. Elígete por madre de la que ha de engendrar y parir al Unigénito del Padre. Parirás una hija que por divina ordenación se llamará María. Será bendita entre las mujeres y llena del Espíritu Santo. Será la nube[27]  que derramará el rocío del cielo para refrigerio de los mortales y en ella se cumplirán las profecías de vuestros antiguos padres. Será la puerta de la vida y de la salud para los hijos de Adán. Y advierte que a Joaquín le he evangelizado que tendrá una hija que será dichosa y bendita, pero el Señor reservó el sacramento, no manifestándole que había de ser Madre del Mesías. Y por esto debes tú guardar este secreto; y luego irás al templo a dar gracias al Altísimo, porque tan liberal te ha favorecido su poderosa diestra. Y en la puerta áurea encontrarás a Joaquín, donde conferirás estas nuevas. Pero a ti, bendita del Señor, quiere su grandeza visitarte y enriquecerte con sus favores más singulares y en soledad te hablará al corazón[28]  y dará origen a la ley de gracia, dando ser en tu vientre a la que ha de vestir de carne mortal al inmortal Señor, dándole forma humana; y en esta humanidad unida al Verbo se escribirá con su sangre la verdadera ley de misericordia. [29]

 

185. Para que el humilde corazón de santa Ana con esta embajada no desfalleciera en admiración y júbilo de la nueva que le daba el santo ángel, fue confortada por el Espíritu Santo su flaqueza; y así la oyó y recibió con dilatación de su ánimo y alegría incomparable. Y luego se levantó y fue al templo de Jerusalén y topó a san Joaquín, como el ángel les había dicho a entrambos. Y juntos dieron gracias al Autor de esta maravilla y ofrecieron dones particulares y sacrificios. Fueron de nuevo iluminados de la gracia del divino Espíritu y, llenos de consolación divina, se volvieron a su casa, confiriendo los favores que del Altísimo habían recibido y cómo el santo arcángel Gabriel a cada uno singularmente les había hablado y prometido de parte del Señor que les daría una hija que fuese muy dichosa y bienaventurada. Y en esta ocasión también se manifestaron el uno al otro cómo el mismo santo ángel antes de tomar estado les había mandado que los dos juntos le recibiesen por la voluntad divina, para servirle juntos. Este secreto habían celado veinte años sin comunicarle uno a otro, hasta que el mismo ángel les prometió la sucesión de tal hija. Y de nuevo hicieron voto de ofrecerla al templo y que todos los años en aquel día subirían a él con particulares ofrendas y le gastarían en alabanza y hacimiento de gracias y darían muchas limosnas. Y así lo cumplieron después e hicieron grandes cánticos de loores y alabanzas al Altísimo.

 

186. Nunca descubrió la prudente matrona Ana el secreto a san Joaquín, ni a otra criatura alguna, de que su hija había de ser Madre del Mesías; ni el santo padre en el discurso de la vida conoció más de que sería grande y misteriosa mujer; pero en los últimos alientos, antes de la muerte, se lo manifestó el Altísimo, como diré en su lugar.[30] Y aunque se me ha dado grande inteligencia de las virtudes y santidad de los dos padres de la Reina del cielo, no me detengo más en declarar lo que todos los fieles debemos suponer; y por llegar al principal intento.

 

187. Después de la primera concepción del cuerpo que había de ser para la Madre de la gracia, y antes de criar su alma santísima, hizo Dios un singular favor a santa Ana. Tuvo una visión o aparecimiento de Su Majestad intelectualmente y por altísimo modo; y comunicándole en él grandes inteligencias y dones de gracias, la dispuso y previno con bendiciones de dulzura;[31] y purificándola toda, espiritualizó la parte inferior del cuerpo y elevó su alma y espíritu, de suerte que desde aquel día jamás atendió a cosa humana que la impidiese para no tener puesto en Dios todo el afecto de su mente y voluntad, sin perderla jamás de vista. Díjola el Señor en este beneficio: Ana, sierva mía, yo soy Dios de Abrahán, Isaac y Jacob; mi bendición y luz eterna es contigo. Yo formé al hombre para levantarle del polvo y hacerle heredero de mi gloria y participante de mi divinidad; y aunque en él deposité muchos dones y le puse en lugar y estado muy perfecto, pero oyó a la serpiente y perdíólo todo. Yo de mi beneplácito, olvidando su ingratitud, quiero reparar sus daños y cumplir lo que a mis siervos y profetas tengo prometido de enviarles mi Unigénito y su Redentor. Los cielos están cerrados, los padres antiguos detenidos, sin ver mi cara y darles yo el premio que tengo prometido de mi eterna gloria; y la inclinación de mi bondad infinita está como violentada no se comunicando al linaje humano. Quisiera ya usar con él de mi liberal misericordia y darle la persona del Verbo eterno, para que se haga hombre, naciendo de mujer que sea madre y virgen inmaculada, pura, bendita y santa sobre todas las criaturas; y de esta mi escogida y única[32]  te hago madre.

 

188. Los efectos que hicieron estas palabras del Altísimo en el cándido corazón de santa Ana, no los puedo yo fácilmente explicar, siendo ella la primera de los nacidos a quien se le reveló el misterio de su Hija santísima, que sería Madre de Dios y nacería de sus entrañas la elegida para el mayor sacramento del poder divino. Y convenía así que ella lo conociese, porque la había de parir y criar como pedía este misterio y saber estimar el tesoro que poseía. Oyó con humildad profunda la voz del Muy Alto, y con rendido corazón respondió: Señor, Dios eterno, condición es de vuestra bondad inmensa y obra de vuestro brazo poderoso levantar del polvo al que es pobre y despreciado.[33] Yo, Señor Altísimo, me reconozco indigna criatura de tales misericordias y beneficios. ¿Qué hará este vil gusanillo en vuestra presencia? Sólo puedo ofreceros en agradecimiento vuestro mismo ser y grandeza y en sacrificio mi alma y mis potencias. Haced de mí, Señor mío, a vuestra voluntad, pues toda me dejó en ella. Yo quisiera ser tan dignamente vuestra como pide este favor; pero, ¿qué haré que no merezco ser esclava de la que ha de ser Madre de vuestro Unigénito e hija mía? Así lo conozco y lo confesaré siempre y de mí que soy pobre; pero a los pies de vuestra grandeza estoy aguardando que uséis conmigo de vuestra misericordia, pues sois Padre piadoso y Dios omnipotente. Hacedme, Señor, cual me queréis, según la dignidad que me dais.

 

189. Tuvo en esta visión santa Ana un éxtasis maravilloso, en que le fueron concedidas altísimas inteligencias de las leyes de la naturaleza, escrita y evangélica; y conoció cómo la divina naturaleza en el Verbo eterno se había de unir a la nuestra y cómo la humanidad santísima sería levantada al ser de Dios y otros muchos misterios de los que se habían de obrar en la encarnación del Verbo divino; y con estas ilustraciones y otros divinos dones de gracia la dispuso el Altísimo para la concepción y creación del alma de su Hija santísima y Madre de Dios.

 

CAPITULO 14

Cómo el Altísimo manifestó a los santos ángeles el tiempo determinado y  oportuno de la concepción de María santísima y los que le señaló para su guarda.

 

190. En el tribunal de la voluntad divina, como en principio inevitable y, causa universal de todo lo criado, se decretan y determinan todas las cosas que han de ser, con sus condiciones y circunstancias, sin haber alguna que se olvide, ni tampoco después de determinada la pueda impedir otra potencia criada. Todos los orbes y los moradores que en ellos se contienen dependen de este inefable gobierno, que a todos acude y concurre con las causas naturales, sin haber faltado ni poder faltar un punto a lo necesario. Todo lo hizo Dios y lo sustenta con solo su querer y en él está el conservar el ser que dio a todas las cosas, o aniquilarlas volviéndolas al no ser de donde las crió. Pero como las crió todas para su gloria y del Verbo humanado, así desde el principio de la creación fue disponiendo los caminos y abriendo las sendas por donde el mismo Verbo bajase a tomar carne humana y vivir con los hombres; y ellos subiesen a Dios, le conozcan, le teman, le busquen, le sirvan y amen, para alabarle eternamente y gozarle.

 

191. Admirable ha sido su nombre en la universidad de las tierras[34] y engrandecido en la plenitud y congregación de los santos, con que ordenó y compuso pueblo aceptable[35] de quien el Verbo humanado fuese cabeza. Y cuando estaba todo en la última y conveniente disposición, en que su providencia lo había querido poner, y llegando el tiempo por ella determinado para criar la mujer maravillosa vestida del sol a que apareció en el cielo, la que había de alegrar y enriquecer la tierra, para formarla en ella decretó la santísima Trinidad lo que, en mis cortas razones y concepto de lo que he entendido, manifestaré.

 

192. Ya queda dicho arriba[36] cómo para Dios no hay pretérito ni futuro, porque todo lo tiene presente en su mente divina infinita y lo conoce con un acto simplicísimo; pero, reduciéndolo a nuestros términos y modo limitado de entender, consideramos que Su Majestad miró a los decretos que tenía hechos de criar Madre conveniente y digna para que el Verbo se humanase; porque el cumplimiento de sus decretos es inevitable. Y llegando ya el tiempo oportuno y determinado las tres divinas Personas en sí mismas dijeron: Tiempo es ya que demos principio a la obra de nuestro beneplácito, y criemos aquella pura criatura y alma que ha de hallar gracia en nuestros ojos sobre todas las demás. Dotémosla de ricos dones y depositemos en ella sola los mayores tesoros de nuestra gracia. Y pues todo el resto de las demás que dimos ser nos han salido ingratas y rebeldes a nuestra voluntad, oponiéndose a nuestro intento de que se conservasen en el primero y feliz estado en que criamos a los primeros hombres y ellos le impidieron por su culpa, y no es conveniente que en todo nuestra voluntad quede frustrada, criemos en toda santidad y perfección a esta criatura, en quien no tenga parte el desorden del primer pecado. Criemos un alma de nuestros deseos un fruto de nuestros atributos, un prodigio de nuestro infinito poder, sin que le ofenda ni la toque la mácula del pecado de Adán. Hagamos una obra que sea objeto de nuestra omnipotencia y muestra de la perfección que disponíamos para nuestros hijos y el fin del dictamen que tuvimos en la creación. Y pues han prevarícado todos en la voluntad libre y determinación del primer hombre,[37] sea esta sola criatura en quien restauremos y ejecutemos lo que, desviándose de nuestro querer, ellos perdieron. Sea única imagen y similitud de nuestra divinidad y sea en nuestra presencia por todas las eternidades complemento de nuestro beneplácito y agrado. En ella depositaremos todas las prerrogativas y gracias que en nuestra primer y condicional voluntad destinamos para los ángeles y hombres, si en el primer estado se conservaran. Y si ellos las perdieron, renovémoslas en esta criatura y añadiremos a estos dones otros muchos y no quedará en todo frustrado el decreto que tuvimos, antes mejorado en esta nuestra electa y única.[38] Y pues determinamos lo más santo y prevenimos lo mejor para las criaturas, y lo más perfecto y loable y ellas lo perdieron, encaminemos el corriente de nuestra bondad para nuestra amada y saquémosla de la ley ordinaria de la formación de todos los mortales, para que en ella no tenga parte la semilla de la serpiente. Yo quiero descender del cielo a sus entrañas y en ellas vestirme con su misma sustancia de la naturaleza humana.

 

193. Justo es y debido que la divinidad de bondad infinita se deposite y encubra en materia purísima, limpia y nunca manchada con la culpa. Ni a nuestra equidad y providencia conviene omitir lo más decente, perfecto y santo por lo que es menos, pues a nuestra voluntad no hay resístencía.[39] El Verbo, que se ha de humanar, siendo redentor y maestro de los hombres, ha de fundar la ley perfectísima de la gracia y enseñar en ella a obedecer y honrar al padre y a la madre[40]  como causas segundas de su ser natural. Esta ley se ha de ejecutar primero honrando el Verbo divino a la que ha elegido para Madre suya, honrándola y dignificándola con brazo poderoso y previniéndola con lo más admirable, más santo, más excelente de todas las gracias y dones. Y entre ellos será la honra y beneficio más singular no sujetarla a nuestros enemigos ni a su malicia; y así ha de ser libre de la muerte de la culpa.

 

194. En la tierra ha de tener el Verbo madre sin padre, como en el cielo padre sin madre. Y para que haya debida proporción y consonancia llamando a Dios padre y a esta mujer madre, queremos que sea tal que se guarde la correspondencia e igualdad posible entre Dios y la criatura, para que en ningún tiempo el dragón pueda gloriarse fue superior a la mujer a quien obedeció Dios como a verdadera madre. Esta dignidad de ser libre de culpa es debida y correspondiente a la que ha de ser Madre del Verbo y para ella por sí misma más estimable y provechosa, pues mayor bien es ser santa que ser madre sola; pero al ser Madre de Dios le conviene toda la santidad y perfección. Y la carne. humana, de quien ha de tomar forma, ha de estar segregada del pecado; y habiendo de redimir en ella a los pecadores, no ha de redimir a su misma carne como a los demás, pues unida ella con la divinidad ha de ser redentora y por esto de antemano ha de ser preservada, pues ya tenemos previstos y aceptados los infinitos merecimientos del Verbo en esa misma carne y naturaleza. Y queremos que por todas las eternidades sea glorificado el Verbo encarnado por su tabernáculo y gloriosa habitación de la humanidad que recibió.

 

195. Hija ha de ser del primer hombre, pero, en cuanto a la gracia, singular, libre y exenta de su culpa y, en cuanto a lo natural, ha de ser perfectísima y formada con especial providencia. Y porque el Verbo humanado ha de ser maestro de la humildad y santidad y para este fin son medio conveniente los trabajos que ha de padecer, confundiendo la vanidad y falacia engañosa de los mortales, y para sí ha elegido esta herencia por el tesoro más estimable en nuestros ojos queremos que también le toque esta parte a la que ha de ser Madre suya y que sea única y singular en la paciencia, admirable en el sufrir, y que con su Unigénito ofrezca sacrificio de dolor aceptable a nuestra voluntad y de mayor gloria para ella.

 

196. Este fue el decreto que las tres divinas Personas manifestaron a los santos ángeles, exaltando la gloria y veneración de sus santísimos, altísimos, investigables juicios. Y como su divinidad es espejo voluntario que en la misma visión beatífica manifiesta, cuando es servido, nuevos misterios a los bienaventurados, hizo esta demostración nueva de su grandeza, en que viesen el orden admirable y armonía tan consonante de sus obras. Y todo fue consiguiente a lo que dijimos en los capítulos antecedentes[41] que hizo el Altísimo en la creación de los ángeles, cuando les propuso habían de reverenciar y conocer por superior al Verbo humanado y a su Madre santísima; porque llegado ya el tiempo destinado para la formación de esta Reina, convenía no lo ocultase el Señor que todo lo dispone en medida y peso.[42] Fuerza es que, con términos humanos y tan limitados como los que yo alcanzo, se oscurezca la inteligencia que me ha dado el Altísimo de tan ocultos misterios, pero con limitación diré lo que pudiere de lo que manifestó el Señor a los ángeles en esta ocasión.

 

197. Ya es llegado el tiempo – añadió Su Majestad – determinado por nuestra providencia para sacar a luz la criatura más grata y acepta a nuestros ojos la restauradora de la primera culpa del linaje humano, la que al dragón ha de quebrantar la cabeza,[43] la que señaló aquella singular mujer que por señal grande apareció[44] en nuestra presencia y la que vestirá de carne humana al Verbo eterno. Ya se acercó la hora tan dichosa para los mortales, para franquearles los tesoros de nuestra divinidad y hacerles con esto patentes las puertas del cielo. Deténgase ya el rigor de nuestra justicia en los castigos que hasta ahora ha ejecutado con los hombres y conózcase el de nuestra misericordia, enriqueciendo a las criaturas, mereciéndoles el Verbo humanado las riquezas de la gracia y gloria eterna.

 

198. Tenga ya el linaje humano reparador, maestro, medianero, hermano y amigo, que sea vida para los muertos, salud para los enfermos, consuelo para los tristes, refrigerio para los afligidos, descanso y compañero para los atribulados. Cúmplanse ya las profecías de nuestros siervos y las promesas que les hicimos de enviarles salvador que les redimiese. Y para que todo se ejecute a nuestro beneplácito y demos principio al sacramento escondido desde la constitución del mundo, elegimos para la formación de María nuestra querida el vientre de nuestra sierva Ana, para que en él sea concebida y sea criada su alma dichosísima. Y aunque su generación y formación han de ser por el común orden de la natural propagación, pero con diferente orden de gracia, según la disposición de nuestro inmenso poder.

 

199. Ya sabéis cómo la antigua serpiente, después de la señal que vio de esta maravillosa mujer, las anda rodeando a todas; y desde la primera que criamos, persigue con astucia y asechanzas a las que conoce más perfectas en su vida y obras, pretendiendo topar entre todas a la que ha de hollar y quebrantar su cabeza. Y cuando atento a esta purísima e inculpable criatura la reconociere tan santa, pondrá todo su esfuerzo en perseguirla según el concepto que de ella hiciere. La soberbia de este dragón será mayor que su fortaleza,[45] pero nuestra voluntad es que de esta nuestra ciudad santa y tabernáculo del Verbo humanado tengáis especial cuidado y protección, para guardarla, asistirla y defenderla de nuestros enemigos y para iluminarla, confortarla y consolarla con digno cuidado y reverencia mientras fuere viadora entre los mortales.

 

200. A esta proposición que hizo el Altísimo a los santos ángeles, todos con humildad profunda, como postrados ante el real trono de la santísima Trinidad, se mostraron rendidos y prontos a su divino mandato. Y cada cual con santa emulación deseaba ser enviado y se ofrecía a tan feliz ministerio y todos hicieron al Altísimo himnos de alabanza y cantar nuevo, porque llegaba ya la hora en que veían el cumplimiento de lo que con ardentísimos deseos habían por muchos siglos suplicado. Conocí en esta ocasión que, desde aquella batalla grande que san Miguel tuvo en el cielo con el dragón y sus aliados y fueron arrojados a las tinieblas sempiternas, quedando los ejércitos de san Miguel victoriosos y confirmados en gracia y gloria, comenzaron luego estos santos espíritus a pedir la ejecución de los misterios de la encarnación del Verbo que allí conocieron; y en estas peticiones repetidas perseveraron hasta la hora que les manifestó Dios el cumplimiento de sus deseos y peticiones.

 

201. Por esta razón los espíritus celestiales con esta nueva revelación recibieron nuevo júbilo y gloria accidental y dijeron al Señor: Altísimo e incomprensible Señor y Dios nuestro, digno eres de toda reverencia, alabanza y gloria eterna; y nosotros somos tus criaturas criadas por tu divina voluntad. Envíanos, Señor poderosísimo, a la ejecución de tus maravillosas obras y misterios, para que en todos y en todo se cumpla tu justísimo beneplácito. Con estos efectos se reconocían los celestiales príncipes por inferiores y, si posible fuera, deseaban ser más puros y perfectos para ser dignos de guardarla y servirla.

 

202. Determinó luego el Altísimo y señaló quiénes habían de ocuparse en tan alto ministerio y de los nueve coros eligió de cada uno ciento, que son novecientos. Y luego señaló otros doce para que más de ordinario la asistiesen en forma corporal y visible; y tenían señales o divisas de la redención; y éstos son los doce que refiere el capítulo 21 del Apocalipsis[46]  que guardaban las puertas de la ciudad, y de ellos hablaré en la declaración de aquel capítulo que pondré adelante.[47] Fuera de éstos señaló el Señor otros diez y ocho ángeles de los más superiores, para que subiesen y descendiesen por esta escala mística de Jacob con embajadas de la Reina a Su Alteza y del mismo Señor a ella; porque muchas veces los enviaba al eterno Padre para ser gobernada en todas sus acciones por el Espíritu Santo, pues ninguna hizo sin su divino beneplácito y aun en las cosas pequeñas le procuraba saber. Y cuando con especial ilustración no era enseñada, enviaba con estos santos ángeles a representar al Señor su duda y deseo de hacer lo más agradable a su voluntad santísima y saber qué la mandaba, como en el discurso de esta Historia diremos.

 

203. Sobre todos estos santos ángeles señaló y nombró el Altísimo otros setenta serafines de los más supremos y allegados al trono de la Divinidad, para que confiriesen con la Princesa del cielo y la comunicasen, por el mismo modo que ellos mismos entre sí comunican y hablan y los superiores iluminan a los inferiores. Y este beneficio le fue concedido a la Madre de Dios, aunque era superior en la dignidad y gracia a todos los serafines, porque era viadora y en naturaleza inferior. Y cuando alguna vez se le ausentaba y escondía el Señor, como adelante veremos,[48] estos setenta serafines la ilustraban y consolaban y con ellos confería los afectos de su ardentísimo amor y sus ansias por el tesoro escondido. El número de setenta en este beneficio tuvo correspondencia a los años de su vida santísima, que fueron no sesenta, sino setenta, como diré en su lugar.[49] En este número se encierran aquellos sesenta fuertes que, en el capítulo III de los Cantares,[50] se dice guardaban el tálamo o lecho de Salomón, escogidos de los más valientes de Israe