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A
finales del siglo XVII se había llegado ya al triunfo de la fe
explícita en este misterio de fe también en los ambientes
intelectuales. Defendían el privilegio de la Inmaculada
Concepción de María 150 universidades, de las que 50 habían
hecho el juramento de defenderlo; juramento que se exigía antes
de la colación de grados a todos los que aspiraban a ellos.
En todo caso, la fe del pueblo se había adelantado a este
triunfo, y tenía su expresión en la celebración de la fiesta de
la Concepción de María. La fiesta se celebraba en Inglaterra en
el siglo XI, desde donde a partir del siglo siguiente se difundió
por Francia, Bélgica, España y Alemania. A finales de la Edad
Media se celebra también en Roma. En conexión con la
celebración litúrgica, se desarrolla una intensa piedad popular
al misterio.
Y
“Sea permitido aquí recordar en concreto el poema virginal de
las Concepcionistas, primer monumento corporativo dedicado al
Misterio de la Inmaculada Concepción. Fue en aquella época
agónica del siglo XV, según la visión de Beatriz de Silva en
Tordesillas (1450), que se hace realidad en Toledo en 1489. Las
multiples fundaciones de monasterios de la Orden podrían
gloriarse después entre otras con las egregias figuras de la M.Agreda
y de la M.Sorazu,
escritoras místicas marianas de primera importancia y calidad”
(Baldomero
Jiménez Duque "Aunque es de Noche!" [Madrid,
1964] p.161-162)
En
los siglos XVI y XVII, el entusiasmo popular por el privilegio es
inmenso. En España, el pueblo cantaba:
Todo el mundo en general
A voces, ¡oh Reina escogida!,
Diga que sois concebida
Sin pecado original.
Pero el
pueblo no se limitaba a afirmar la existencia del privilegio. Se
había asimilado también el argumento que esbozó, por vez
primera, Eadmero
(1055-ca. 1124), el compañero, amigo, secretario y biógrafo de
San Anselmo de Canterbury: Pudo, convino, lo hizo (Tractatus de conceptione B. Marie
Virginis 10: PL 159, 305). También cantaba el pueblo con fervor:
Quiso y no pudo, no es Dios;
Pudo y no quiso; no es hijo:
Digan, pues, que pudo y quiso.
La asimilación
de este argumento por el pueblo se explica fácilmente, ya que
prescindiendo de matizaciones técnicas, expresa la gran intuición
del sentido de la fe del pueblo: Dios no pudo permitir que su Madre estuviera manchada en ningún
instante de su existencia.
Cuando Pío IX definía solemnemente en 1854 el dogma de la
Concepción era una verdad de fe plenamente vivida en toda la
Iglesia.
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Ineffabilis
Deus Epístola Apostólica del 8.XII.1954 de
Pío IX
define el Dogma de la Inmaculada Concepción de María...
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Fulgens
Corona
Encíclica
de 1953 de Pío XII, 100 años después de la definición del
Dogma inmaculista...
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