Santa Beatriz de Silva

Datos Biográficos

De la cuna a la corte 
Santa Beatriz de Silva, entre once hermanos, es hija de Rui Gomes de Silva y Isabel de Meneses.
De las familias nobles de Portugal donde ha nacido en Campo Maior, estaba destinada a servir en la corte. Así desde muy temprano fue educada para dama de la Infanta Isabel de Portugal que vino a casar en 1447 con D. Juan II
de Castilla (España). La princesa portuguesa quiso llevar consigo algunas damas de la nobleza, y eligió a Beatriz prefiriéndola entre todas, tanto por el amor que la tenía por sus buenas prendas, como por ser parienta cercana”. "Vino de Portugal a Castilla, siendo de poca edad, con la reina doña Isabel, segunda mujer del rey Don Juan II ".
En esta Castilla, le tocaba vivir y sortear los avatares de la nada sosegada corte de aquellos tiempos.
La corte de Castilla residía por entonces en Tordesillas, al oeste de Valladolid, en plena meseta castellana, junto al río Duero. El ambiente palaciego estaba dominado por intrigas y frivolidades cortesanas de la época. Estas fueron las espinas que encontró Beatriz en Tordesillas, destacando más su personalidad y sus prendas más singulares. Y nos dice su coetáneo  Duarte Nuñez de Leão: “Era esta doncella la mujer más hermosa que había en España, y de mayores gracias naturales, la cual por su gran hermosura, llegó a causar tal admiración que todos los grandes de la Corte deseaban ganarse su amistad y servirla”. Todo un glamour creado al rededor de su persona, que lejos de contentarla, la contrariaba grandemente. 

 

Dama de una Reina

Fuese por intrigas de algún caballero resentido ante la negativa de Beatriz a sus pretensiones, fuese por celos de la reina, que llegó a ver en ella una amante rival, cayó en desgracia de ésta. ‘Viendo la grande estimación que todos hacían de la sierva de Dios, la reina hubo celos de ella y del rey, su marido, y fueron tan grandes que, por quitarla de delante de los ojos, la encerró en un cofre, donde la tuvo encerrada tres días, sin que en ellos se le diera de comer y de beber’. Fue todo un torbellino de pasión, que quiso tronchar la vida de esta inocente dama, pero acudió en su defensa el poder del cielo. Aquí coloca la tradición, una significativa aparición que iría dar nuevo rumbo a su historia personal: 'La Virgen María se le apareció con hábito blanco y manto azul y el Niño Jesús en brazos, y, luego de haberla confortado con cariño maternal, le intimó que fundara en su honor la Orden de la Purísima Concepción, con el mismo hábito blanco y azul que ella llevaba. Ante tan señalada merced de su Reina y Señora, Beatriz se ofreció por su esclava y le consagró, rebosante de gratitud, el voto de su virginidad y le rogó confiadamente la librara de aquella prisión. La Reina celestial accede sonriente y desaparece’.

La intervención de don Juan Meneses, tío de Beatriz, hizo que la reina Isabel abriese el cofre pasados tres días, esperando encontrarla ya cadáver. La sorpresa de todos fue que Beatriz apareció con más impresionantemente bella y lozana que antes de ser encerrada. Todo hacía creer que alguna intervención sobrenatural había mitigado aquella horrible experiencia. 

La Reina del Cielo la había elegido ya para dama suya. Era preciso cambiar de palacio. "A los tres días de verse libre del encierro, sin más dilación, pidió salir de Tordesillas, dirigiéndose a Toledo, acompañada de dos doncellas".

 

Los 30 años de 'Nazaret'
En Toledo florecían por esta época numerosos monasterios de todas las principales Órdenes, especialmente cistercienses, dominicas y clarisas. Razones que la historia no nos ha transmitido hicieron que Beatriz escogiese el monasterio cisterciense de Santo Domingo el Real (o vulgarmente también ‘El Antiguo’); tal vez relaciones muy personales con alguna de las religiosas de este monasterio, perteneciente a la nobleza portuguesa o castellana; tal vez el haber encontrado en este monasterio las condiciones más a propósito para la vida retirada que ella pensaba llevar, sin ser religiosa. Y más tarde elige la Regla del cister para la erección de su Monasterio al no le ser permitida regla propia, por entonces.

 

En este vetusto solar de Toledo buscó Beatriz su casita de Nazaret, como ‘señora de piso’, y en él vivió treinta años dedicados a la oración. A la mortificación y vida retirada unía la práctica de la oración prolongada y una liberalidad magnánima para emplear todos sus bienes en dar culto a Dios y socorrer al pobre. Con sus rentas entre otras cosas, favoreció también a cuantos pobres solicitaron su ayuda. Con el trabajo de sus manos, hilando o bordando, santificó también los ratos libres.

 

En estos años fue madurando ‘el proyecto’ que la Virgen le había encargado en Tordesillas. Por la novedad y audacia de su proyecto y los riesgos que comportaba, no fue nada fácil. Por estos días, sí, reinaba un ambiente cada vez más popular en torno a la defensa de tal misterio mariano. Las universidades, las instituciones, las ciudades, los príncipes y personas particulares, hacían voto especial de defender este misterio. Los pintores, trovadores y poetas cantaban las glorias de la Inmaculada desde muchos siglos anteriores.

En 1436 el Concilio de Basilea estuvo a punto de se definir el dogma de la Inmaculada Concepción. Y aunque desde los principios esta doctrina estaba arraigada en la Iglesia, ahora los Teólogos seguían divididos entre “maculistas” e “inmaculistas” desde el siglo XII. El proyecto de Beatriz era entonces un gran desafío, pues significaba dar por enteramente segura, y definitivamente triunfante, una doctrina teológica que a la sazón era aún muy apasionadamente discutida. Y durante 30 años todo fueron dificultades e impedimentos para Beatriz.

 

Un desafío a la Teología

Mientras tanto la Providencia iba preparando los acontecimientos para que Isabel la Católica se interesase por la fundación de la Orden Concepcionista. Había sido proclamada reina en 1474.
En todos estos años turbulentos, en medio de campañas guerreras, cuando la Reina iba a Toledo buscaba tiempo para estar y conversar con Beatriz, la dama que la había mecido en sus brazos cuando niña.

En 1479, ‘con la ayuda de Dios y de la gloriosa Virgen María, su Madre’, se firmó la paz definitiva entre Castilla y Portugal. Esto pudo ser un motivo especial para que la Reina Católica, tan devota de la Inmaculada, apoyase la fundación de la Orden Concepcionista, que la Virgen había confiado a Beatriz. Por estos años ‘se dice que se le apareció (a Beatriz) la Madre de Dios otra vez, distinta de la referida del cofre, volviéndola a mostrar cómo había de ser el hábito que traerían sus monjas’.

Isabel la Católica concertaba con Beatriz la donación de unas casas de los palacios reales de Galiana, junto a la muralla norte de Toledo. Le donaba también la capilla adjunta, dedicada a Santa Fe por la reina Doña Constanza, esposa de Alfonso VI. El nombre de esta santa francesa decía muy bien con la fe que había demostrado Beatriz desde que salió de Tordesillas. Isabel la Católica se serviría del patrocinio de esta misma Santa en la conquista de Granada, con una fe paralela a la de Beatriz.
Ahí se instala Beatriz en 1484, transformando el local en un ‘Beaterio’, con doce compañeras instruidas, ilusionadas y contagiadas por su vida, ejemplo y espíritu durante los años anteriores. Entre ellas una sobrina suya - Felipa de Silva.  ‘En esta casa tan desacomodada entró con gran alegría, y dio orden de irla fabricando al modo necesario para que pudiese ser Monasterio’.

Cinco años después, la aprobación de la Orden, pedida al Papa por mediación de la Reina Católica, era firmada por Inocencio VIII el 30 de abril de 1489. En este mismo día se presentó en el torno del Monasterio de Santa Fe un personaje misterioso, preguntando por doña Beatriz de Silva y comunicándola la firma de la bula por el Papa. ‘De esta manera lo supo ella en Toledo, cuando se otorgó en Roma, por revelación divina y creyó, sin duda, que este mensajero era San Rafael, porque desde que supo decir el Avemaría le había sido muy devota y le rezaba cada día alguna cosa en especial’.

Tres meses más tarde llega a Toledo la noticia de que la bula se había ido al fondo del mar, por haber naufragado la nave donde venía. ‘De esto recibió grandísima tristeza... Al cabo de tres días fue abrir un cofre para cierta cosa necesaria, y, no sin mucha maravilla, halló allí la dicha bula encima de todo’. Toda la ciudad de Toledo se asoció con gran júbilo a la procesión en que se trasladó la ‘bula del milagro’ desde la catedral al Monasterio de Santa Fe. Tuvieron lugar todos estos festejos en los primeros días del mes de agosto de 1491. Actuó en la procesión, misa pontifical y sermón el obispo de Guadix, Francisco García de Quijada, y anunció que a los quince días tendría lugar en la capilla de Santa Fe la toma de hábitos y velos por Beatriz y sus compañeras.

 

Pero... "a los cinco días, estando puesta en muy devota oración en el coro, le apareció la Virgen sin mancilla..., la cual le dijo: ‘Hija, de hoy en diez días has de ir conmigo, que no es nuestra voluntad que goces acá en la tierra de esto que deseas’". El mismo día 17 de agosto, que se había acordado para la toma de hábitos, tuvo lugar la tranquila muerte de Beatriz. El mismo padre confesor le impuso el hábito y velo concepcionistas y recibió su profesión religiosa.

 

Estrella Mariana
 ‘Al tiempo de su muerte fueron vistas dos cosas maravillosas: la una fue que, como le quitaron del rostro el velo para darle la unción, fue tanto el brillo que de su rostro salió que todos quedaron espantados; la otra fue que en mitad de la frente le vieron una estrella, la cual estuvo allí puesta hasta que expiró, y daba tan gran luz y resplandor como la luna cuando más luce’.

Su fama de santidad era ya un fenómeno en vida. El afán por poseer la reliquia de su cuerpo, como se vio, nada más expirar, es una buena prueba de ello. Los menológios de la Orden cisterciense, benedictina y franciscana, la dan el título de ‘Beata’.

Abundan los relatos de favores milagrosos obtenidos por su intercesión. La devoción popular la aclama como abogada de la niñez y la juventud. Es relevante su eficaz intercesión por las madres que acuden a ella con problemas en el embarazo o en la fecundidad.

El año 1924 el Papa Pío XI confirmó el culto inmemorial tributado a Beatriz como a Beata, con lo que nuevamente podía recibir culto público después de las normas prohibitivas de Urbano VIII en el siglo XVI. Reanudada la causa de canonización por Pío XII, fue canonizada solemnemente el 3 de octubre de 1976.

 

El espíritu de Beatriz sigue presente en el mundo por su Orden y otras Congregaciones Religiosas y Comunidades laicales, que han recogido esta experiencia del Espíritu Santo, vivida por Santa Beatriz en cuanto Fundadora, y transmitida a todos sus seguidores.